La caída de la natalidad en Argentina no puede explicarse únicamente por un supuesto desinterés de las nuevas generaciones en formar una familia. La primera Encuesta de Intenciones Reproductivas elaborada por UNFPA Argentina y Voices! muestra una realidad más compleja: una parte importante de la población desea tener más hijos, pero encuentra obstáculos económicos, laborales y de cuidado que terminan modificando sus proyectos.
El estudio, presentado en agosto de 2026, se basó en respuestas de 1.515 personas de entre 18 y 70 años de todas las regiones del país. La investigación fue realizada entre enero y febrero mediante cuestionarios online y su muestra se diseñó tomando como referencia parámetros poblacionales del Censo 2022, con posterior ponderación por nivel educativo para mejorar su representatividad.
Uno de los datos más contundentes señala que el 57% de las personas de entre 18 y 45 años no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener si no existieran limitaciones. El modelo de dos hijos continúa siendo el ideal más elegido, con el 34%, lo que cuestiona la idea de que el descenso de los nacimientos responda solamente a una decisión generalizada de no tener descendencia.
La tasa global de fecundidad argentina descendió a 1,2 hijos por mujer en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional estimado en 2,1. El fenómeno atraviesa todo el país, aunque sus causas adquieren características particulares según cada territorio. En Buenos Aires, la presión sobre el empleo, la vivienda y la organización cotidiana de los cuidados forma parte de ese escenario complejo.
Según la encuesta, las barreras económicas y las dificultades vinculadas con el cuidado explican el 62% de los casos en los que las personas terminan teniendo menos hijos de los deseados. Tener estabilidad laboral, seguridad económica y una vivienda adecuada aparece como una condición central antes de avanzar con un proyecto familiar, especialmente en un contexto donde criar supone costos y responsabilidades crecientes.
El problema tampoco se limita al dinero. El informe advierte que el reparto desigual de las tareas domésticas y de cuidado continúa condicionando las decisiones reproductivas: el 18% de las mujeres menciona esa desigualdad como un motivo para tener menos hijos de los que desea. La dificultad para compatibilizar empleo, crianza y vida personal expone una carga que todavía recae de manera desigual dentro de los hogares.
La investigación también revela otras limitaciones para ejercer plenamente la autonomía reproductiva. Aunque el 92% de la población conoce métodos anticonceptivos, existen personas que no pudieron utilizar el método de su elección. Además, los resultados muestran situaciones de desigualdad y falta de autonomía en las relaciones sexuales, un aspecto que obliga a mirar la baja natalidad desde una perspectiva más amplia que la puramente demográfica.
Para Mariana Isasi, jefa de la oficina de UNFPA en Argentina, la discusión no debería concentrarse solamente en cuántos niños nacen, sino en si las personas pueden decidir libremente si quieren tener hijos, cuántos y en qué momento. El desafío, entonces, no parece ser convencer a la población para que tenga más hijos, sino generar condiciones económicas, laborales y de cuidado que permitan concretar libremente sus proyectos de vida.
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