Las Leonas volvieron a escribir una página dorada en la historia del deporte argentino. En Amstelveen, en territorio neerlandés y frente a una potencia acostumbrada a ganar, la Selección Argentina se impuso por 3-1 en los penales australianos, después de igualar 1-1 en el tiempo reglamentario. Así, levantó otra vez la Copa del Mundo y puso fin a una espera de 16 años. El sueño, tantas veces postergado, finalmente encontró su recompensa.
El escenario no podía ser más desafiante. El estadio Wagener fue una caldera y Países Bajos llegó a la definición con el respaldo de su público y la historia reciente a su favor. Pero Argentina jugó con personalidad, sostuvo el partido cuando tuvo que resistir y encontró la manera de mantenerse en pie hasta llevar la final a una definición en la que cada segundo parecía eterno. La presión no las quebró.
Países Bajos golpeó primero y obligó a Las Leonas a remar contra la corriente. Sin embargo, el equipo dirigido por Fernando Ferrara no perdió el rumbo. Cuando el reloj avanzaba hacia el final, apareció Majo Granatto para marcar el empate y devolverle a la Argentina la ilusión de una noche inolvidable. El 1-1 llevó la definición a los penales australianos. La igualdad sostuvo viva la ilusión. Y la esperanza se hizo realidad.
Y allí apareció una figura decisiva: Cristina Cosentino. La arquera argentina se agigantó cuando más se necesitaba, atajó tres remates en la serie y se convirtió en una de las grandes responsables de una consagración que quedará grabada para siempre. Del otro lado, Sofía Cairo tuvo la enorme responsabilidad de cerrar la historia y no falló: su definición selló el 3-1 y desató el festejo. Después llegaron los abrazos.
El título tiene, además, un valor especial porque devuelve a Las Leonas al lugar que tantas veces ocuparon. Argentina no conquistaba el Mundial desde Rosario 2010, después de haber sido campeona por primera vez en Perth 2002. Ahora suma su tercera estrella y confirma una tradición que atraviesa generaciones: talento, coraje, identidad y una camiseta capaz de transformar la presión en una fuerza extraordinaria.
La victoria también tiene sabor a revancha. Cuatro años después de aquella final de 2022 en la que Países Bajos se quedó con el título, las argentinas volvieron a encontrarse con el mismo rival en el partido decisivo. Esta vez la historia cambió de manos. En la casa del adversario, Las Leonas resistieron, lucharon y terminaron celebrando una conquista que durante mucho tiempo parecía esquiva. Esta vez, la gloria viajó hacia el lado argentino.
Las imágenes del festejo quedarán como parte de la memoria deportiva argentina: abrazos, lágrimas, sonrisas y una bandera celeste y blanca cubriendo a las campeonas del mundo. No fue solamente una victoria en una tanda de penales. Fue la recompensa a un equipo que creyó hasta el último instante y que, cuando llegó la hora de definir, mostró el carácter que distingue a las grandes selecciones. Una escena para guardar por siempre.
Amstelveen fue testigo de una noche histórica. Las Leonas volvieron a rugir en la cima del mundo y lo hicieron ante el rival que más veces las obligó a levantarse después de una derrota. La tercera estrella ya está en el pecho de Argentina, junto a los recuerdos de Perth y Rosario. Dieciséis años después, la Copa vuelve a ser celeste y blanca. Y esta vez, el grito es imposible de contener: ¡Las Leonas son campeonas del mundo!
Sigue a ECOS en su canal de Whatsapp y no te pierdas todo lo nuevo que este sitio publica para ti todos los días. IR AL CANAL
ENCUESTA:
NOTA: Esta encuesta es libre y se preserva la identidad del votante. El sistema toma un voto por domicilio (dirección IP), para más votantes en un mismo hogar usar plan de datos móviles en el dispositivo.
SEGUÍ A ECOS EN SUS REDES:
SITIO WEB …
FACEBOOK …
WHATSAPP …
INSTAGRAM …
THREADS …
X -TWITTER …












