Mientras el Gobierno celebra la desaceleración de la inflación general, un grupo de rubros clave para el bolsillo de los argentinos viene corriendo más rápido que el índice oficial. Tarifas de servicios públicos, cuotas de medicina prepaga, combustibles y ciertos alimentos estacionales acumulan en 2026 subas que superan ampliamente el 19,3% registrado por el IPC entre enero y julio, según el INDEC.
El año arrancó con fuerza: la inflación fue de 2,9% tanto en enero como en febrero, trepó a 3,4% en marzo y desde ahí inició una desaceleración sostenida hasta el 1,9% de junio. En julio volvió a acelerarse al 2,1%, interrumpiendo esa racha favorable. La variación interanual llegó al 33,8%, un nivel que sigue siendo alto pese a la moderación mensual que el Gobierno destaca como logro central de su gestión económica y comunicacional.
El caso más elocuente es el de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que acumuló una suba de 27,9% entre enero y julio, casi nueve puntos por encima del nivel general. El motor principal fueron las actualizaciones de tarifas de servicios públicos, los alquileres y las expensas, con mayo como el mes más duro: esa división saltó 6,8% por la combinación de electricidad y alquileres, según reportó el INDEC en su informe mensual.
En la comparación interanual, el fenómeno se agiganta todavía más: Vivienda acumuló un 48,9% en doce meses, muy por encima del 33,8% del índice general de precios al consumidor. Le siguieron Transporte, con un alza interanual de 40,9%, y Educación, con 40%. Ambos rubros combinan componentes regulados por el Estado, como el boleto de colectivo y las cuotas escolares, que no logran seguir el ritmo de la desinflación núcleo.
Educación también lideró la carrera en lo que va del año, con una suba acumulada de 26,9% desde diciembre, muy por encima del promedio general del período. El ajuste responde en gran parte al reacomodamiento anual de cuotas que las instituciones educativas aplican al inicio del ciclo lectivo, en marzo, cuando ese rubro saltó 12% en un solo mes, según relevamientos de consultoras privadas como Eco Go.
Las cuotas de medicina prepaga son otro de los grandes ganadores frente a la inflación general. En el primer trimestre acumularon un 7,6%, y hacia mediados de año ya superaban el 10% en el primer semestre, contra una inflación acumulada de apenas 9,4% en el mismo período. En la comparación interanual, el costo de los planes de salud privados subió en promedio 29,7% en todo el país, según datos oficiales.
Detrás de esas subas hay una lógica administrativa particular: los aumentos de las prepagas se calculan con la inflación de dos meses atrás, por lo que el ajuste de julio, de 2,1%, respondió en realidad al IPC de mayo.
Empresas como OSDE, Galeno, Swiss Medical y el Hospital Italiano actualizaron sus cuotas mes a mes, casi siempre apenas por encima del índice oficial, en un esquema cada vez más difícil de sostener para los afiliados particulares.
Los combustibles fueron, sin embargo, el caso más extremo de todo el año en curso. Según relevamientos privados del sector, la nafta súper acumuló una suba cercana al 30% entre enero y mayo, cuando la inflación general apenas superaba el 12% acumulado en ese mismo lapso de cinco meses. El diferencial se explica por la actualización de impuestos internos y por la escalada del petróleo Brent en el escenario internacional.
YPF, que concentra más del 55% del despacho de combustibles del país, marcó el ritmo de esos ajustes con incrementos mensuales de entre 1% y casi 2%, sumados a traslados directos de impuestos como el ICL y el impuesto al dióxido de carbono. La petrolera sostuvo además un sistema de “buffer” de precios para amortiguar los sobresaltos del mercado internacional, sin lograr frenar la tendencia alcista de fondo en el surtidor.
En el capítulo alimentario, el panorama resultó más heterogéneo que en otros rubros. Durante el primer semestre, Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 17,8%, un punto porcentual por encima del nivel general de 16,8% en ese mismo lapso. El motor fueron las verduras, que en algunos meses como mayo treparon más de 14%, mientras que la carne actuó como ancla y creció apenas 1% mensual en varios tramos del año.
Productos puntuales de la canasta básica ilustran ese desequilibrio estacional con mayor crudeza. En enero, el tomate redondo se disparó 92,6% en un solo mes, seguido por la naranja con 30,1% y la papa con 29,6%. También el asado, la manteca y la leche en polvo entera subieron por encima del promedio general de ese mes, golpeando de lleno el presupuesto de los hogares de menores ingresos, sobre todo en las regiones del interior del país.
El resultado combinado de estos rubros —tarifas, salud privada, combustibles y alimentos estacionales— explica en buena medida por qué la percepción social de encarecimiento del costo de vida supera a la que reflejan los promedios oficiales del INDEC. Son, además, gastos difíciles de postergar o sustituir, lo que profundiza el impacto sobre el poder adquisitivo real de buena parte de las familias argentinas.
De cara a lo que resta del año, el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyectó una inflación interanual de 30,5% para diciembre de 2026, con una moderación adicional esperada recién hacia 2027 y 2028. Sin embargo, mientras el índice general siga bajando, la brecha entre estos precios “ganadores” y el resto de la economía podría seguir ampliándose en los próximos meses, según anticipan varias consultoras.
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