En un contexto económico complejo y con crecientes demandas sociales, el intendente de Bahía Blanca, Federico Susbielles, volvió a ratificar una decisión que ya se ha convertido en una marca distintiva de su gestión: la donación del 50% de su salario. Pero esta vez, el anuncio no solo reafirma una postura personal, sino que suma un fuerte componente institucional y social.
La confirmación se realizó en el marco de la 24ª edición del Consejo Municipal de Discapacidad, desarrollada en el Palacio Comunal, donde el jefe comunal definió que, durante este año y hasta mediados de 2027, los fondos serán destinados a instituciones que trabajan con personas con discapacidad.
Lejos de tratarse de una medida aislada, la iniciativa tiene continuidad desde el inicio de la gestión. Apenas asumió en 2023, Susbielles firmó un decreto para donar la mitad de su sueldo a entidades de bien público, una decisión que debió instrumentarse bajo la figura de donación debido a que la legislación vigente le impide percibir un salario inferior al mínimo establecido.
En este nuevo esquema, serán 19 las organizaciones beneficiadas, en un cronograma que se extenderá por 19 meses, desde enero de 2026 hasta julio de 2027. La asignación mensual de los fondos fue determinada mediante sorteo, cumpliendo con los requisitos del Tribunal de Cuentas provincial. El destino de estas donaciones también refleja las prioridades cambiantes de la ciudad.
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Tras la inundación de marzo de 2025, los recursos habían sido redireccionados hacia un fondo de asistencia a comerciantes afectados. Superada esa etapa crítica, el foco vuelve ahora a un área estructural: la inclusión y el acompañamiento de personas con discapacidad. En ese sentido, el propio intendente remarcó el espíritu de la medida al señalar que “en un contexto difícil” se busca “no soltarle la mano a nadie”.
Se hace poniendo el acento en la necesidad de construir una ciudad con mayor igualdad de oportunidades. La decisión de donar parte del salario no es frecuente en la política argentina y adquiere relevancia en un escenario de descreimiento ciudadano. En el caso de Bahía Blanca, el gesto trasciende lo simbólico al canalizarse de manera organizada y sostenida hacia instituciones que cumplen un rol clave en el entramado social.
Además, la articulación con el Consejo Municipal de Discapacidad no solo garantiza transparencia en la distribución, sino que fortalece el vínculo entre el Estado y las organizaciones de la sociedad civil. Más allá de las lecturas políticas que puedan hacerse, la continuidad de esta medida instala un debate sobre el rol de los funcionarios públicos en tiempos de crisis. ¿Se trata de un gesto individual o de una forma de ejercer el poder con mayor cercanía social?
En Bahía Blanca, al menos, la decisión de Susbielles parece combinar ambas dimensiones: una señal personal que, con el paso del tiempo, se consolida como política pública orientada a sectores que requieren acompañamiento permanente. En una Argentina atravesada por dificultades económicas, este tipo de acciones no resuelve por sí sola los problemas estructurales, pero sí aporta un elemento clave: el ejemplo como herramienta de construcción política.












