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Convocan hoy a la comunidad a hablar y escucharse sobre la salud mental

En un tiempo donde el cansancio, la soledad y el silencio pesan más de lo que se dice, detenernos a escucharnos se vuelve un acto urgente. Hablar de autoestima es hablar de salud mental, de vínculos, de cómo atravesamos la vida y de cuánto nos animamos a pedir ayuda.

Esta convocatoria nace desde una experiencia real, desde haber tocado fondo y haber encontrado una salida acompañada. No propone soluciones mágicas ni discursos cerrados, sino un espacio abierto para compartir, escuchar y sentirnos menos solos.

La plaza se transforma en punto de encuentro porque es de todos: de madres, padres, abuelos, niños y de cualquier persona que necesite una palabra, un silencio cuidado o simplemente estar.

No importa la edad, no importa cuántos seamos. Importa estar.
Porque cuando alguien se anima a hablar, otro se anima a escuchar, y ahí empieza algo que puede cambiarlo todo.

El texto de la convocatoria:

Hola!. Hoy a las 19:00 voy a estar en la Plaza Tambor de Tacuarí, junto a mi niño.
Invito a quienes quieran sumarse a compartir un espacio de diálogo sobre la AUTOESTIMA, con la intención de brindar a la comunidad un lugar seguro donde expresarnos, escucharnos y acompañarnos, aportando así a la salud mental, un área que hoy se encuentra tan desprotegida.
Cuento con algunas herramientas y, desde mi propia experiencia —habiendo atravesado momentos difíciles y logrado salir adelante— quiero compartir desde la escucha, el respeto y la empatía. La idea es generar un momento agradable, donde quien desee pueda hablar, quien prefiera solo escuchar también será bienvenido.
Elegí una plaza porque es un espacio abierto e inclusivo: para mamás y papás que buscan un cambio, para quienes no cuentan con ayuda, para abuelos que están al pie del cañón acompañando a sus nietos, y para cualquier persona, sin importar la edad.
Pueden venir con sus hijos. Juntos podemos crear algo lindo, simple y genuino.
Sin prejuicios.
Porque todos somos uno y hoy, más que nunca, nos necesitamos unidos.
No importa si somos uno o cien: yo voy a estar para aportar lo que pueda. Y, sobre todo, para que mi hijo también sea parte y vea que sí se puede salir de cualquier situación. Solo hace falta pedir ayuda.
Gracias, gracias, gracias.
Todos podemos: solo necesitamos las personas correctas, voluntad y herramientas cerca.

Una propuesta que puede ayudar a muchos y muchas

A las siete de la tarde, una plaza puede parecer solo un punto de encuentro cotidiano. Sin embargo, este encuentro en la Plaza Tambor de Tacuarí propone algo distinto: transformar un espacio público en un refugio emocional, donde la palabra, el silencio y la presencia se convierten en herramientas de cuidado colectivo.

La iniciativa nace desde lo más genuino: una persona que atravesó momentos difíciles, que conoció el dolor y también la salida, decide compartir su experiencia para tender una mano a otros. Sin micrófonos, sin escenarios, sin credenciales. Solo con la convicción de que hablar de autoestima también es hablar de salud mental, y que esa conversación no puede seguir postergándose.

En tiempos donde la salud mental aparece como una urgencia silenciosa y muchas veces desatendida, este gesto sencillo cobra una fuerza enorme. No se trata de dar cátedra ni de ofrecer soluciones mágicas, sino de habilitar la escucha, de permitir que quien necesite hablar lo haga, y que quien no pueda todavía, encuentre un lugar donde sentirse acompañado.

La plaza no fue elegida al azar. Es el territorio de las infancias, de las madres y padres que llegan cansados, de los abuelos que sostienen familias enteras, de quienes no siempre tienen acceso a ayuda profesional o redes de contención. Allí, todos son bienvenidos: sin edad, sin etiquetas, sin prejuicios.

El valor de esta acción también reside en lo intergeneracional. Un niño acompaña a su madre y observa. Observa que pedir ayuda no es debilidad. Que compartir lo vivido puede sanar. Que salir adelante es posible. Ese aprendizaje silencioso, sembrado en una tarde cualquiera, tiene un impacto que va mucho más allá del encuentro puntual.

“No importa si viene una persona o cien”, dice quien convoca. Y en esa frase se condensa el verdadero espíritu de la propuesta: estar, sostener, ofrecer presencia. Porque a veces, eso es todo lo que hace falta para empezar a cambiar una historia.

En una sociedad que suele correr demasiado rápido y escuchar demasiado poco, estas acciones recuerdan algo esencial: nadie se salva solo. La salud mental también se construye en comunidad, en la ronda improvisada de una plaza, en la palabra compartida, en el gesto valiente de decir “acá estoy”.

Quizás no haya grandes titulares ni estadísticas que midan su impacto. Pero cada persona que se va sintiéndose un poco menos sola, un poco más valiosa, es prueba suficiente de que cuando la empatía se pone en acción, algo profundo empieza a sanar.

Para más información, dirigirse a: https://www.facebook.com/groups/210090416042992/user/100003815260110/

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