La modificación artificial del tiempo atmosférico dejó de ser una cuestión reservada a investigaciones científicas o experiencias aisladas. En Argentina, distintas empresas comenzaron a incorporar estas actividades a sus servicios, mientras algunas provincias mantienen programas destinados a intervenir sobre determinadas condiciones meteorológicas. La expansión de estas iniciativas abre un debate sobre sus resultados reales, los controles estatales y las posibles consecuencias ambientales.
Una investigación de El Tres Arroyense identificó seis sociedades argentinas que incorporaron la modificación artificial del tiempo a sus objetos sociales: South American Weather Consultants, Lindera, Pacific Ocean, PS Logística y Servicios, Regional Air Aviation Services y Sundown Jet. La inclusión de esa actividad en un estatuto acredita su previsión societaria, pero no demuestra que la empresa haya realizado operaciones.
El relevamiento describe antecedentes concretos. Mendoza mantiene un sistema oficial antigranizo que incluye siembra de nubes mediante aviones y generadores terrestres. Por su parte, la firma chilena Mettech informó que inició en diciembre de 2025 un programa de estimulación de precipitaciones en Chaco, contratado por productores. Esa información proviene de la compañía y no constituye una verificación independiente de sus trabajos o resultados.
La técnica más difundida consiste en dispersar partículas, habitualmente yoduro de plata en ciertos procedimientos, dentro de nubes existentes. Estas pueden favorecer la formación de cristales de hielo o modificar gotas, según el tipo de nube y el método utilizado. La intervención exige condiciones atmosféricas apropiadas: no genera humedad, no crea nubes ni puede hacer llover en un cielo despejado.
La Organización Meteorológica Mundial advierte que la energía de los sistemas meteorológicos impide crear nubes lluviosas, cambiar los vientos para transportar vapor de agua o eliminar fenómenos severos. Reconoce avances para métodos específicos, como la siembra glaciogénica en nubes orográficas invernales, pero considera infundadas las promesas de efectos amplios o dramáticos. La evidencia depende de cada técnica y contexto.
Un estudio de investigadores vinculados al CONICET, publicado en 2020 tras revisar casi seis décadas de programas antigranizo en Mendoza, concluyó que no había evidencia científica inequívoca de una reducción estadísticamente significativa en la frecuencia o el tamaño del granizo atribuible a esas intervenciones. Los autores señalaron vacíos actuales de conocimiento y la necesidad de mejores evaluaciones.
El marco aeronáutico nacional también avanzó. El Decreto 599/2024 incluyó la modificación artificial del tiempo, la investigación meteorológica, la siembra de nubes para incrementar precipitaciones y la prevención del granizo entre las actividades de trabajo aéreo. En mayo de 2026, la ANAC aprobó una nueva Parte 137, con requisitos de operación, certificación y calificación del personal para estas tareas.
Sin embargo, las normas aeronáuticas no responden todas las preguntas ambientales y públicas. Para evaluar cada operación hacen falta datos sobre quién la contrata, dónde y cuándo se realiza, qué sustancias se dispersan, qué aeronaves intervienen, quién fiscaliza y cómo se miden los resultados. También es necesario conocer contratos, protocolos y monitoreos independientes, cuando los efectos podrían trascender el predio del contratante.
En el sudoeste bonaerense, los períodos de nubosidad y la presencia de aeronaves han despertado inquietudes, pero no corresponde atribuir esos fenómenos a la siembra de nubes sin registros que lo demuestren. La investigación recoge preguntas surgidas en Tres Arroyos, aunque no aporta pruebas de que los vuelos observados allí estén vinculados con operaciones meteorológicas. Una coincidencia no establece causalidad.
El debate no debería quedar atrapado entre la promesa comercial de controlar la lluvia y la sospecha sin pruebas de que alguien manipula deliberadamente el cielo. La siembra de nubes existe, pero sus resultados dependen de condiciones particulares y siguen siendo difíciles de medir. El desafío es garantizar información pública, fiscalización y evidencia científica, y exigir explicaciones sin convertir dudas legítimas en conclusiones.
Fuentes documentales y periodísticas
1. El Tres Arroyense – Siembra de nubes en Argentina: los nombres y conexiones detrás de seis empresas.
2. Organización Meteorológica Mundial – Declaración sobre modificación del tiempo atmosférico (2025).
3. CONICET – Sesenta años de actividades de supresión del granizo en Mendoza (2020).
4. ANAC – Resolución 313/2026, nueva Parte 137.
5. Decreto nacional 599/2024 – Código Aeronáutico.
6. Gobierno de Mendoza – Sistema Integral de Lucha Antigranizo.
7. TN24 – Lluvia artificial, contratos privados y siembra de nubes en Chaco (25/10/2026)
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