Representantes de distintos municipios del sudoeste bonaerense buscan coordinar acciones ante el deterioro del frente costero, las sudestadas y la pérdida de arena. Reclaman inversiones, monitoreo científico y ordenamiento urbano, mientras la reducción del gasto de capital provincial agrega interrogantes sobre el financiamiento de las obras necesarias.
Una preocupación que trasciende los municipios
La erosión costera, las sudestadas y los daños sobre la infraestructura encendieron las alarmas en distintas localidades del litoral marítimo bonaerense. Concejales de la región impulsan una agenda común para reclamar respuestas y planificar medidas preventivas. El objetivo es superar las intervenciones aisladas y construir políticas sostenidas que protejan a las comunidades, los espacios públicos y una actividad turística fundamental para la economía local.
El espacio denominado «Concejales de la Costa» reúne representantes de Monte Hermoso, Coronel Rosales y el distrito de Tres Arroyos, entre otras localidades. Según informó La Voz del Pueblo el 26 de septiembre de 2026, sus integrantes vienen trabajando desde hace más de un año frente a los sucesivos episodios climáticos y los procesos erosivos que modifican el litoral. La iniciativa procura coordinar gestiones y compartir información para elaborar respuestas regionales.
La preocupación no se limita a los daños visibles después de cada temporal. Los ediles advierten que la pérdida de arena, el retroceso de algunos sectores de playa, el deterioro de las defensas y la exposición de instalaciones vinculadas con la seguridad acuática requieren intervenciones planificadas. La discusión incorpora, además, la necesidad de revisar el crecimiento urbano sobre áreas sensibles y establecer criterios que reduzcan la vulnerabilidad frente a futuros acontecimientos meteorológicos.
El antecedente de Bahía Blanca y la importancia de prevenir
La inundación del 7 de marzo de 2025 en Bahía Blanca dejó una advertencia contundente sobre la capacidad destructiva de los fenómenos extremos. El Instituto Geográfico Nacional documentó precipitaciones cercanas a los 290 milímetros en apenas doce horas, anegamientos generalizados, evacuaciones y graves daños en rutas, puentes e infraestructura. El episodio evidenció la importancia de contar con sistemas de drenaje adecuados, alertas tempranas y obras capaces de responder ante lluvias extraordinarias.
Aunque las inundaciones urbanas y la erosión marina responden a procesos diferentes, ambas problemáticas comparten un desafío: reducir los riesgos antes de que se produzcan las emergencias. La experiencia regional demuestra que las consecuencias de un fenómeno meteorológico dependen tanto de su intensidad como de las condiciones del territorio, la infraestructura existente y la planificación. Por eso, los concejales reclaman incorporar conocimientos científicos a las decisiones públicas y sostener las medidas preventivas más allá de cada gestión.
C. Rosales y Monte Hermoso: defensas y ordenamiento urbano
En Coronel Rosales, la preocupación se concentra en el mantenimiento de las defensas costeras y la protección de sectores vulnerables. La concejal Liliana Taboada advirtió sobre el desplazamiento de piedras colocadas para contener los médanos durante los últimos episodios de marejada. El planteo refleja una cuestión central: construir una defensa no garantiza por sí solo su eficacia permanente, ya que también se necesitan inspecciones, mantenimiento y evaluaciones sobre el comportamiento de la playa.
En Monte Hermoso, los reclamos se relacionan con el deterioro del frente costero y el crecimiento inmobiliario en sectores próximos al mar. El concejal Brian Oliaro sostuvo que los daños recientes obligan a revisar las decisiones urbanísticas de las últimas décadas.
Entre las prioridades mencionó la delimitación de la línea de ribera, una herramienta fundamental para determinar los límites del dominio público y orientar las construcciones de acuerdo con la normativa aplicable y las características ambientales del territorio.
Un informe de la Universidad Nacional del Sur sobre la vulnerabilidad costera de Monte Hermoso puso el foco en la relación entre el riesgo y las intervenciones humanas. La conservación de los médanos, la disponibilidad de arena y la planificación de los desagües aparecen como elementos relevantes para reducir la exposición. La respuesta, por lo tanto, no debería limitarse a reconstruir estructuras dañadas: también exige revisar cómo se ocupa y transforma el espacio costero.
Tres Arroyos: la pérdida de arena y el impacto turístico
Las localidades de Reta, Claromecó y Orense también enfrentan dificultades asociadas con las sudestadas y las marejadas. La concejal de la Coalición Cívica Cecilia del Águila describió cambios en el perfil de las playas, pérdida de arena y aparición de sectores rocosos que modifican el paisaje. Estas transformaciones generan preocupación por sus consecuencias ambientales y por el posible impacto sobre los balnearios, los prestadores de servicios y la actividad turística durante la temporada.
Del Águila plantea que los municipios necesitan monitoreos sistemáticos para comprender la evolución de la costa y anticiparse a los episodios más perjudiciales. La observación científica permitiría distinguir los cambios naturales de aquellos asociados con las intervenciones humanas, además de identificar los sectores que requieren atención prioritaria. Sin información actualizada, las decisiones corren el riesgo de concentrarse en reparaciones puntuales que no resuelven las causas de fondo.
Obras públicas y financiamiento: el otro problema
Los reclamos regionales coinciden con un escenario fiscal complejo para la provincia de Buenos Aires. Según un informe de Marcelo Daletto difundido en septiembre de 2026, el gasto de capital de la administración de Axel Kicillof cayó un 30,8% en términos reales durante el primer semestre, respecto del mismo período de 2025. El dato agrega incertidumbre sobre la disponibilidad de recursos para infraestructura, aunque no permite determinar por sí solo qué obras costeras resultarán afectadas.
Ante esta situación, los concejales solicitaron la intervención de legisladores provinciales para gestionar respuestas frente al deterioro costero. Entre las propuestas figuran partidas presupuestarias para reconstruir puestos de guardavidas, accesos, escaleras y sistemas de comunicación, además de recursos para defensas y otras obras prioritarias. También reclaman que se cumpla la legislación que regula el desarrollo urbano y que los municipios dispongan de herramientas técnicas para identificar las zonas más expuestas.
Una agenda común para el futuro de la costa
El planteo de los ediles apunta a construir una política regional que combine infraestructura, planificación urbana y asesoramiento científico. La delimitación de la línea de ribera, la preservación de los médanos, la limpieza de canales y sumideros, los mapas de riesgo hídrico y los sistemas de alerta integran una agenda que busca reducir los daños y mejorar la preparación de las comunidades ante futuras emergencias.
La principal conclusión es que la protección del litoral bonaerense no puede depender exclusivamente de las reparaciones posteriores a cada temporal. Se necesitan inversiones sostenidas, controles sobre las intervenciones urbanísticas y estudios que permitan comprender la dinámica de la costa. El desafío será convertir los reclamos compartidos en políticas concretas, con responsabilidades definidas y recursos suficientes para proteger a los residentes, preservar el ambiente y sostener la actividad turística.
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