El crédito dejó de ser, para muchos hogares argentinos, una herramienta reservada a compras importantes y pasó a ocupar un lugar en gastos corrientes. Supermercado, medicamentos, servicios o reparaciones pueden pagarse con tarjeta, cuotas o préstamos digitales cuando el ingreso mensual no alcanza. El problema aparece cuando esa solución de liquidez se convierte en una obligación permanente que consume parte del próximo salario.
Los datos oficiales muestran la magnitud del fenómeno. El BCRA informó que, a diciembre de 2025, había 14,8 millones de personas con tarjetas de crédito y 11,9 millones con préstamos personales. En paralelo, los proveedores no financieros de crédito financiaban a unos 12,1 millones de personas en febrero de 2026. El crédito, por lo tanto, tiene una presencia masiva en la economía familiar y cotidiana.
La expansión no significa necesariamente mayor bienestar. El informe del BCRA sobre proveedores no financieros registró un saldo de financiamiento de $13,9 billones en febrero de 2026, con un crecimiento real interanual del 22%. En ese universo, la deuda media por persona alcanzó $1,1 millones. Son cifras que muestran que el acceso al crédito puede ampliar el consumo, pero también trasladar presión financiera hacia los meses siguientes.
El costo es la variable decisiva. En febrero de 2026, las tasas nominales anuales informadas por el BCRA llegaban al 144% para préstamos personales y al 87% para tarjetas en determinados proveedores. Además, la irregularidad de la cartera de los proveedores no financieros alcanzó 26,9%, nueve puntos porcentuales más que en agosto de 2025. Endeudarse no equivale siempre a resolver el problema: depende del precio y del plazo.
La situación debe leerse junto con el costo de las necesidades básicas. Según el INDEC, la canasta básica alimentaria aumentó 2,4% en mayo de 2026 y acumuló una suba interanual de 36,2%, mientras la canasta básica total avanzó 34,9%. Cuando los ingresos quedan ajustados frente a alimentos, transporte, salud y servicios, financiar una compra esencial puede parecer racional, aunque termine reduciendo el dinero disponible del mes siguiente.
Aquí aparece la diferencia entre crédito útil y endeudamiento riesgoso. Una financiación puede ser razonable si permite atravesar un desfasaje puntual y existe capacidad concreta para cancelarla. En cambio, si cada vencimiento se paga tomando otro préstamo, refinanciando el saldo o usando nuevamente la tarjeta para gastos básicos, la deuda deja de ser un puente y comienza a funcionar como una rueda difícil de detener.
El crecimiento de las fintech profundizó esa discusión porque facilitó el acceso inmediato al dinero. Reuters informó que los préstamos digitales pasaron de unas 500.000 operaciones a 10 millones en pocos años y que la morosidad de los préstamos familiares llegó a un récord de 12,8% en junio de 2026. La rapidez puede ser una ventaja para una urgencia, pero también reduce el tiempo disponible para evaluar el costo total.
El fenómeno también plantea una cuestión social: quiénes pagan el mayor precio por la falta de liquidez. Los hogares con ingresos informales o inestables suelen tener menos alternativas bancarias y pueden terminar recurriendo a créditos más caros. Así, una herramienta pensada para ampliar la inclusión financiera puede convertirse, si no existe capacidad de repago, en un mecanismo que profundiza la vulnerabilidad y limita el consumo futuro.
El desafío, entonces, no consiste simplemente en promover o restringir el crédito, sino en mejorar su calidad. Transparencia sobre el costo financiero total, plazos compatibles con los ingresos, límites prudentes y educación financiera pueden reducir decisiones impulsivas. La señal de alerta aparece cuando la deuda deja de financiar una necesidad excepcional y empieza a pagar gastos que el ingreso corriente ya no logra cubrir.
Fuentes principales: Banco Central de la República Argentina (BCRA), INDEC y Reuters.
BCRA — Informe de Proveedores No Financieros de Crédito
BCRA — Informe de Inclusión Financiera
INDEC — Canasta Básica
Reuters — deuda y préstamos digitales en Argentina
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