Mientras en la Argentina el recambio generacional también preocupa a distintos sectores rurales, España enfrenta una dificultad similar: atraer jóvenes al trabajo en el campo. La experiencia de Mario Selo, agricultor de 23 años de Madridejos, en la provincia de Toledo, se hizo visible en las redes y expuso una paradoja que atraviesa a la agricultura europea: hay tareas, se necesita personal y, aun así, faltan manos jóvenes.
Selo se graduó como técnico superior en Mecatrónica Industrial, pero decidió seguir el camino que había conocido desde niño junto a su familia. Hoy gestiona cultivos de vid, almendro, olivo y pistacho y comparte en Instagram y otras plataformas escenas de su rutina. Con videos sobre poda, cosecha, maquinaria y mantenimiento, busca acercar el mundo rural a una generación cada vez más distante de estas actividades.
El joven asegura que durante determinadas campañas se pueden pagar o percibir unos 70 euros por jornada. Tomando como referencia 22 días laborables, la cuenta equivale a 1.540 euros mensuales. El dato cobra relevancia frente a la Encuesta de Población Activa de España: el Instituto Nacional de Estadística informó que el salario medio bruto de los trabajadores menores de 25 años fue de 1.372,8 euros mensuales en 2024.
Sin embargo, la remuneración no parece resolver el problema. Mario sostiene que le resulta muy difícil reunir una cuadrilla integrada por personas jóvenes y que encontrar trabajadores españoles menores de 30 años dispuestos a incorporarse al campo sigue siendo una tarea compleja. Su caso refleja una dificultad más amplia, atravesada por la dureza física del oficio, la estacionalidad y el atractivo que ejercen otras alternativas laborales.
Los datos europeos confirman que el fenómeno excede a una sola región. La Comisión Europea señala que la edad media de los agricultores ronda los 57 años y que apenas el 12% tiene menos de 40. Eurostat registró que en 2020 solo el 11,9% de los responsables de explotaciones de la Unión Europea pertenecía a ese grupo, mientras el 33,2% tenía 65 años o más, un desequilibrio que dificulta el relevo.
El desafío también llevó a las autoridades españolas a impulsar medidas para facilitar el acceso de los jóvenes a la tierra. En enero de 2026, el Gobierno anunció iniciativas destinadas a movilizar parcelas rurales y mejorar la información sobre terrenos disponibles. Organizaciones del sector advirtieron, no obstante, que el acceso a la tierra es apenas una parte del problema, junto con la rentabilidad, la burocracia y la incertidumbre económica.
En ese escenario, Mario Selo se transformó en un ejemplo de una generación que todavía elige el campo. Su presencia en redes intenta mostrar que la agricultura puede combinar tradición, tecnología y oportunidades, aunque su búsqueda de trabajadores revela la magnitud del desafío. La paradoja es clara: Europa necesita asegurar su producción de alimentos, pero todavía debe convencer a los jóvenes de que el futuro también puede estar en la tierra.
Para tener una referencia en moneda argentina, tomando una cotización cercana a los $1.752 por cada euro, los 70 euros diarios mencionados por Mario Selo equivaldrían a unos $122.600 argentinos en cada jornada, mientras que los 1.540 euros mensuales representarían aproximadamente $2.698.000. Se trata de una conversión orientativa, ya que la cotización puede variar según el mercado y el momento de la operación.
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