Había una vez un hombre llamado Juan, quien había caído en las garras de la ludopatía. Al principio, las apuestas eran solo un pasatiempo, una forma de escapar de la rutina diaria. Sin embargo, pronto se convirtieron en una obsesión. Cada vez que ganaba, el eufórico sentimiento lo impulsaba a seguir apostando, y cada vez que perdía, la desesperación lo llevaba a apostar más, en un intento de recuperar lo perdido.
El tiempo pasó y Juan se encontró en un pozo sin fondo. Había perdido casi todo: su dinero, su trabajo y, lo más importante, la confianza de sus seres queridos. Se sentía atrapado en un ciclo interminable de autodestrucción.
Un día, mientras miraba su reflejo en el espejo, se dio cuenta de que no podía seguir así. Decidió buscar ayuda y se unió a un grupo de apoyo para personas con problemas de juego. Al principio, fue difícil para él abrirse y admitir su problema, pero con el tiempo, comenzó a sentir alivio al compartir su historia con otros que habían pasado por lo mismo.
El camino hacia la recuperación no fue fácil. Hubo momentos de recaída y desesperación, pero Juan se aferró a su determinación de cambiar.
TE NECESITAMOS
El periodismo social y comunitario está desapareciendo por no tener sustentos. ECOS sobrevive gracias a la vocación de sus editores y la colaboración de corazones solidarios que cada mes nos ayudan con donaciones. Pero es muy poco, ¡¡NO ALCANZA!! y necesitamos que tomes conciencia de que sin un compromiso de todos en el sostenimiento, quienes hacemos esto tendremos que dejar de hacerlo. Hazlo hoy, ya que mañana podría ser tarde.
Aprendió a identificar los desencadenantes que lo llevaban a apostar y desarrolló nuevas formas de manejar el estrés y la ansiedad.
A medida que pasaban los meses, Juan comenzó a notar cambios positivos en su vida. Poco a poco, recuperó la confianza de su familia y amigos. Encontró un nuevo trabajo que le apasionaba y comenzó a reconstruir su vida financiera. Más importante aún, redescubrió su amor propio y la capacidad de disfrutar la vida sin depender del juego.
El proceso de recuperación le enseñó a Juan lecciones valiosas sobre la resiliencia y la importancia del apoyo mutuo. Aprendió que, aunque había cometido errores, siempre había una oportunidad para empezar de nuevo. Su experiencia lo inspiró a ayudar a otros que estaban luchando con la ludopatía, compartiendo su historia y brindando apoyo en su camino hacia la recuperación.
En fin, la historia de Juan no es solo una de lucha y redención, sino también de esperanza y renovación. Demuestra que, con determinación y apoyo, es posible superar incluso los desafíos más oscuros y encontrar la luz al final del túnel.












