La diferencia entre lo que los bancos pagan por captar pesos y lo que cobran por prestarlos volvió a quedar bajo la lupa. En julio, la tasa nominal anual promedio de los préstamos personales rondó el 66%, mientras que los plazos fijos BADLAR se ubicaron cerca del 21%. La distancia no es una anomalía menor: según Ámbito, el spread promedio de 2026 llegó a 2,81, el mayor para los primeros siete meses de un año desde 2012.
El dato permite entender por qué un ahorrista recibe un rendimiento relativamente bajo por inmovilizar su dinero, mientras una familia enfrenta un costo mucho mayor al buscar financiamiento. Pero la brecha no equivale íntegramente a una ganancia bancaria. Entre la tasa que paga el banco y la que cobra intervienen costos operativos, encajes, impuestos, riesgo de incobrabilidad y el margen necesario para sostener la actividad crediticia.
El componente que más pesa actualmente es el riesgo. Los datos citados por Ámbito muestran que la morosidad de los hogares pasó del 2,5% al 12,8% en veinte meses, mientras que en los préstamos personales alcanzó el 15,9%. Cuando aumenta la proporción de clientes que se atrasan, las entidades incorporan ese riesgo al precio de los nuevos créditos. Así, quienes cumplen terminan financiando parte del costo de quienes no pagan.
A eso se suma el deterioro de los ingresos reales de muchas familias. El Banco Provincia señaló que una parte importante de quienes ingresaron en mora no había aumentado su deuda, sino que comenzó a incumplir porque sus ingresos ya no alcanzaban para afrontar los mismos compromisos. En otros casos, el endeudamiento creció como mecanismo defensivo para sostener el consumo cotidiano, elevando la exposición de los hogares.
La comparación entre tasas nominales también puede resultar engañosa. Un préstamo anunciado al 66% anual no necesariamente representa el costo que efectivamente afrontará el cliente: seguros, comisiones, impuestos y otros cargos pueden elevar el costo financiero total. Econométrica estimó para los préstamos personales un costo financiero total nominal de 82,8% y efectivo de 122,7%, un dato clave para evaluar una financiación.
¿Y de dónde aparece la referencia de créditos que llegan al 200%? Ese nivel corresponde a determinados productos, perfiles de riesgo o costos financieros, y no puede presentarse como la tasa uniforme de todos los préstamos bancarios. El BCRA publica series diferenciadas para préstamos personales y otras líneas, por lo que la comparación exige mirar producto, banco, plazo, perfil del cliente y, especialmente, el costo financiero total.
La brecha también tiene consecuencias macroeconómicas. Si el ahorrista percibe que la remuneración de sus depósitos queda muy por debajo de otras alternativas, puede reducir sus depósitos. Al mismo tiempo, si las familias consideran prohibitivo endeudarse, postergan consumos o inversiones. El resultado es un circuito menos eficiente de intermediación: menos incentivos para depositar y menos capacidad de transformar recursos en crédito accesible.
Cerrar esa distancia no depende solamente de ordenar una tasa desde arriba. Los especialistas citados por Ámbito mencionan una combinación de estabilidad macroeconómica, menor morosidad, mejor información crediticia y reducción de impuestos que encarecen la intermediación. El desafío es que el descenso de la inflación y de las tasas pasivas se traduzca también en crédito más barato, sin ignorar el riesgo real que enfrentan las entidades.
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