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Kiosqueros advierten: “hoy pagamos más de luz que de alquiler”

Los kioscos y pequeños comercios atraviesan una etapa crítica, marcada por la combinación de tarifas, alquileres, impuestos y una fuerte retracción del consumo. Adrián Palacios, referente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), describió un escenario en el que muchos comerciantes deben reducir gastos al límite para permanecer abiertos. El sector advierte que la rentabilidad ya no alcanza para cubrir los costos.

Uno de los principales problemas señalados es el costo de la electricidad. Palacios sostuvo que durante junio y julio la factura de luz puede superar el valor del alquiler de un comercio. El planteo se produce mientras el Gobierno nacional actualizó los precios mayoristas de la energía para el período mayo-julio y luego dispuso nuevos valores para julio, impactando sobre los cuadros tarifarios.

El aumento de los costos eléctricos también está modificando la forma en que funcionan algunos negocios. Según explicó el dirigente, comerciantes optaron por apagar o desenchufar heladeras y freezers durante el invierno porque mantenerlos encendidos representa un gasto difícil de compensar con las ventas. La consecuencia es directa: se reduce la oferta de productos refrigerados para intentar preservar la continuidad del comercio.

La crisis no se limita a la energía. Alquileres, impuestos, cargas y otros gastos fijos forman una estructura que, con ventas debilitadas, se vuelve cada vez más difícil de sostener. Un relevamiento difundido recientemente señaló que en los últimos años miles de kioscos dejaron de funcionar y ubicó entre las principales causas los aumentos de tarifas, los alquileres y la caída del consumo.

Ante este escenario, algunos comerciantes buscan reducir la superficie y trasladarse desde avenidas o zonas de alquileres elevados hacia calles laterales y barrios. Otros directamente abandonan el local tradicional y trabajan desde sus propias viviendas. El denominado “kiosco ventana” aparece así como una alternativa para eliminar el alquiler y achicar los gastos operativos. La prioridad deja de ser crecer y pasa a ser simplemente resistir.

La contracción del consumo también se observa en los hábitos cotidianos de los clientes. De acuerdo con el diagnóstico de UKRA, muchas familias dejaron de realizar compras grandes para pasar a adquirir únicamente aquello que necesitan …

… para atravesar cada jornada. El comerciante percibe ese cambio directamente en el mostrador: menos productos por operación, mayor búsqueda de promociones y una creciente dificultad para vender artículos considerados secundarios.

El dato más preocupante aparece en la alimentación de quienes trabajan fuera de sus hogares. Palacios describió que, en lugar de comprar un sándwich o una empanada para el almuerzo, algunos consumidores optan por galletitas y productos en oferta para llegar hasta la noche. La expresión utilizada por el dirigente fue contundente: comprar lo más barato para “engañar al estómago” y poder reservar la comida principal para compartir en familia.

Desde la mirada de los kiosqueros, el mostrador se transformó además en un indicador cotidiano de la situación económica. Palacios cuestionó que las estadísticas generales puedan reflejar completamente lo que sucede en los barrios y sostuvo que el almacenero y el kiosquero observan diariamente cómo cambian las posibilidades de compra de sus clientes. Las decisiones de consumo, aseguran, muestran una economía que todavía no logra recuperar dinamismo.

La situación se suma a una etapa de fuerte presión sobre el comercio minorista. En enero, UKRA había informado el cierre de unos 10.000 kioscos y atribuido la situación a los aumentos de servicios, impuestos y alquileres, además de la caída de las ventas y de la rentabilidad. Más recientemente, se difundió una estimación de 28.000 cierres acumulados en tres años, junto con la advertencia sobre nuevas bajas en Capital Federal y Buenos Aires.

Otro frente de preocupación es la competencia de productos importados. Desde UKRA cuestionan el ingreso de golosinas y otros artículos extranjeros, al considerar que las pequeñas empresas nacionales enfrentan dificultades para competir mientras el consumo interno permanece deprimido. El reclamo apunta también a la ausencia de medidas específicas para fortalecer al comercio de proximidad y recuperar el poder de compra de los consumidores.

Mientras esperan una mejora de las ventas, los kiosqueros atraviesan una verdadera carrera contra los costos. Menos horarios, menos equipamiento encendido, locales más pequeños y búsqueda permanente de promociones son algunas de las estrategias adoptadas. El problema es que cada reducción también limita la capacidad de vender. En ese equilibrio frágil, miles de comercios intentan mantenerse abiertos esperando que el consumo finalmente vuelva a reaccionar.

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