Cuatro yeguas de polo murieron este miércoles tras ser alcanzadas por un rayo durante una práctica en la cancha número 6 del Jockey Club de San Isidro, en el norte del conurbano bonaerense. El episodio ocurrió pasadas las 11 de la mañana, en medio de las tormentas eléctricas que afectaban al Área Metropolitana de Buenos Aires, y conmocionó a integrantes del ambiente hípico y del polo.
Según los primeros testimonios, la descarga impactó mientras los animales se encontraban atados a un poste, a la espera de comenzar su entrenamiento. El rayo habría golpeado un cable de acero y su efecto alcanzó a seis yeguas: cuatro murieron en el lugar de manera casi inmediata, mientras que otras dos se desplomaron por la descarga, pero lograron recuperarse y volver a ponerse de pie.
El predio funciona dentro del complejo donde se emplaza el Hipódromo de San Isidro, uno de los escenarios más reconocidos del turf argentino. En la cancha 6 había al menos veinte caballos bajo el cuidado de un petisero, el trabajador encargado de la alimentación, higiene, traslado y preparación diaria de los ejemplares destinados a la práctica del polo.
El trabajador también resultó alcanzado por la fuerza de la descarga. Testigos aseguraron que fue impulsado unos tres metros y cayó de espaldas; aunque no presentaba heridas graves ni riesgo de vida, fue trasladado por precaución a un sanatorio cercano para realizarle los estudios correspondientes.
Las imágenes del momento se difundieron rápidamente en redes sociales y mostraron una escena de gran impacto. En el video se observa a un peón acercándose a los animales, revisándoles los tobillos y mostrando las lesiones provocadas por la electricidad. También se ven restos de telas y madera desprendidos por el viento, además de varias yeguas tendidas sobre el suelo.
El episodio dejó una fuerte conmoción en el Jockey Club y en el mundo del polo, un deporte que depende de caballos especialmente entrenados y de alto valor deportivo y económico. Las yeguas —conocidas como “petisos” en la jerga del polo— son piezas centrales del juego, ya que cada jugador utiliza varias monturas durante un mismo partido o práctica.
Más allá de la tragedia puntual, el caso reabrió la discusión sobre los riesgos de las tormentas eléctricas para animales y trabajadores al aire libre. Los caballos pueden resultar vulnerables por su tamaño, por encontrarse en espacios abiertos y por la presencia de elementos metálicos, postes, alambrados y equipos utilizados en las actividades ecuestres.
Hasta el cierre de esta edición, no trascendió la identidad de las yeguas ni se informó oficialmente si el Jockey Club iniciará una revisión de sus protocolos de seguridad ante tormentas. Lo que sí quedó claro es que la descarga transformó una rutina habitual de entrenamiento en una pérdida irreparable para el establecimiento y para quienes trabajan a diario con los animales.
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