La política argentina volvió a ingresar en una etapa de máxima sensibilidad. A poco más de dos años de gestión libertaria, las encuestas comenzaron a mostrar señales que inquietan tanto al oficialismo como a los sectores económicos y políticos que acompañaron el ascenso de Javier Milei al poder. El dato que más ruido genera no es solamente la caída de la aprobación presidencial, sino la posibilidad de que el deterioro económico termine abriendo la puerta a un regreso del peronismo encabezado por Axel Kicillof.
Un reciente estudio de la consultora Zuban-Córdoba reflejó un escenario complejo para el Gobierno nacional: el 64,5% de los consultados desaprueba la gestión libertaria y cerca de tres de cada cuatro personas consideran necesario un cambio de rumbo político. Además, Kicillof aparece encabezando la intención de voto con cifras cercanas al 44%, consolidándose como el dirigente opositor mejor posicionado de cara al futuro electoral.
Más allá de los números puntuales, el trasfondo político parece ser todavía más profundo. En distintos sectores del llamado “establishment” —empresarios, financistas, operadores políticos y parte de la dirigencia tradicional— comenzó a instalarse una preocupación concreta: qué ocurrirá si la economía no logra mostrar una recuperación sostenida y el proyecto libertario pierde competitividad electoral.
Durante el primer tramo del gobierno de Milei, buena parte de esos sectores toleró el fuerte ajuste económico bajo la expectativa de una estabilización rápida, una baja drástica de la inflación y una recuperación de inversiones. Sin embargo, aunque algunos indicadores macroeconómicos mostraron mejoras parciales, gran parte de la sociedad continúa sintiendo el peso de la recesión, la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro del consumo cotidiano.
Ese clima social empieza a reflejarse en las encuestas y, como suele suceder en Argentina, el poder económico ya analiza escenarios alternativos. La eventual consolidación de Kicillof como figura competitiva genera preocupación entre quienes consideran que un regreso del peronismo podría significar un cambio de rumbo económico, mayor intervención estatal y una revisión de varias de las políticas impulsadas por el actual oficialismo.
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En ese contexto, comenzaron a aparecer especulaciones sobre posibles “planes B” dentro del universo libertario y aliados. Algunos nombres alternativos empiezan a circular silenciosamente como eventuales figuras capaces de sostener el modelo económico sin cargar con el desgaste político que hoy afecta a Milei. Entre esas hipótesis aparecen dirigentes con perfiles más moderados o con mayor capacidad de negociación institucional.
La situación también expone una característica histórica de la política argentina: la fragilidad de las lealtades cuando el poder comienza a mostrar signos de debilidad. En tiempos de fortaleza, los apoyos parecen sólidos; cuando las encuestas cambian y la economía no despega, muchos actores empiezan a reposicionarse rápidamente para no quedar atrapados en una posible derrota.
Mientras tanto, la sociedad parece transitar una etapa de creciente agotamiento emocional. El apoyo inicial al discurso antisistema convivió con expectativas muy altas de mejora económica inmediata. Pero cuando las urgencias cotidianas persisten, el humor social cambia con velocidad. Y allí es donde las encuestas dejan de ser simples fotografías estadísticas para convertirse en señales políticas de enorme impacto.
Aun así, el escenario permanece abierto. En Argentina, ningún liderazgo puede darse por terminado ni consolidado demasiado pronto. La economía seguirá siendo el principal juez político. Si el Gobierno logra reactivar el consumo, mejorar ingresos y recuperar expectativas, podría revertir parte del desgaste. Pero si la sensación social de estancamiento continúa profundizándose, el mapa político podría entrar nuevamente en una fase de reconfiguración acelerada.
En definitiva, detrás de cada encuesta no solo se mide intención de voto. También se mide algo más profundo: la paciencia social, la confianza en el futuro y el temor de los sectores de poder a perder el control del rumbo político y económico del país.
ENCUESTA:
A presidente, ¿Cómo votaste en 2025 y votarías en 2027?
- No voté ni votaría al actual gobierno nacional (47%, 80 Votes)
- Voté al actual gobierno y volvería a hacerlo (42%, 73 Votes)
- Voté al actual gobierno pero no lo voy a votar (10%, 17 Votes)
- No voté al actual gobierno pero hoy lo votaría (1%, 2 Votes)
Total Voters: 172
NOTA: Esta encuesta es libre y se preserva la identidad del votante. El sistema toma un voto por domicilio (dirección IP), para más votantes usar plan de datos móviles de cada dispositivo.











