A dos años y medio de las elecciones presidenciales de 2027, Argentina transita un camino marcado por una fuerte transformación económica que promete orden, pero que ya deja un tendal de heridos en el frente laboral y productivo. Con más de 12 mil pequeñas y medianas empresas cerradas y una suba constante del desempleo, el país se encamina hacia una cita electoral decisiva con números que inquietan tanto al oficialismo como a la oposición.
Según los últimos datos del INDEC, el desempleo alcanzó el 7,9 % en el primer trimestre de 2025, el nivel más alto desde 2021. Esto implica un crecimiento significativo desde el 6,4 % registrado apenas tres meses antes. Detrás de este número hay personas: alrededor de 250 000 argentinos perdieron su trabajo en los últimos meses. Más preocupante aún es que sólo el 46 % de los trabajadores tienen empleo registrado. El resto se desempeña en condiciones de informalidad o subempleo, cobrando en promedio un 40 % menos que los trabajadores formales.
El impacto se siente con fuerza en las PyMEs. Entre enero de 2024 y enero de 2025, más de 12 000 pequeñas y medianas empresas cerraron sus puertas. Esto representa no sólo un número récord, sino también la pérdida de miles de empleos en sectores clave como la industria, la construcción, el transporte y el comercio. El promedio de pérdida es de 11 puestos de trabajo por cada empresa que desaparece.
En total, se estima que en los primeros 20 meses del gobierno de Javier Milei se perdieron más de 200 000 empleos formales. “Esto no es una crisis cíclica, es un modelo económico que expulsa trabajo y producción”, advierte Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA). Desde su punto de vista, el experimento liberal está desmantelando lentamente el entramado productivo nacional, con la apertura de importaciones y el retiro del Estado como actor protector del mercado interno.
En paralelo, el Gobierno celebra otros números: la inflación mensual bajó drásticamente —tras haber superado el 20 % en diciembre de 2023, ahora se ubica por debajo del 4 %— y por primera vez en más de una década, Argentina cerró varios trimestres con superávit fiscal. Para el presidente Milei y su equipo económico, esto constituye un hito histórico. “Lo que estamos logrando es milagroso”, aseguró el ministro de Economía en una reciente presentación ante inversores.
Sin embargo, los efectos no son homogéneos. Mientras sectores como el agro y la minería empiezan a mostrar signos de recuperación gracias a la apertura económica, el consumo interno continúa planchado, la pobreza ronda el 50 % y la informalidad laboral alcanza picos no vistos en años. Este contraste plantea un interrogante central: ¿qué modelo de país llegará a las elecciones de 2027? ¿Uno estabilizado pero desigual o uno en el que la recuperación haya alcanzado al conjunto de la sociedad?
Una campaña cruzada por los números
Si la situación actual se mantiene o se profundiza, la campaña presidencial de 2027 estará marcada por dos ejes: por un lado, la narrativa oficialista del orden económico logrado; por el otro, la denuncia opositora del deterioro del tejido social y productivo. En ese terreno, el futuro político de Javier Milei y su espacio dependerá en gran parte de su capacidad para mostrar que la economía no sólo se estabilizó, sino que volvió a crecer con inclusión.
En este escenario, la clase media baja y los trabajadores formales —especialmente en las provincias industriales y en el conurbano bonaerense— jugarán un papel clave. Si no hay señales concretas de reactivación del empleo y apoyo a las PyMEs, es probable que el voto castigo se haga sentir con fuerza. Faltan aún más de dos años, pero las semillas del 2027 ya están sembradas. Y lo que hoy parecen sólo cifras en un informe económico, mañana podrían definir el rumbo político del país.












