La frase “La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe”, atribuida a diversas fuentes filosóficas, cobra especial relevancia al analizar las políticas y el discurso de Javier Milei, el presidente de Argentina. Milei se ha autoproclamado un defensor acérrimo de la libertad individual y del liberalismo económico, pero la aplicación práctica de sus ideas plantea interrogantes sobre si su concepción de libertad está más alineada con el “hacer lo que se quiere” que con el “hacer lo que se debe”.
Desde su llegada al poder, Milei ha impulsado una agenda de desregulación económica y ajuste fiscal, eliminando subsidios, reduciendo el gasto público y promoviendo una menor intervención del Estado en la economía. Para él, la libertad económica es el camino hacia la prosperidad, argumentando que el Estado debe reducirse al mínimo para que los individuos puedan desarrollar su potencial sin restricciones. Sin embargo, esta visión choca con la idea de que la libertad también conlleva responsabilidades y deberes hacia el bien común.
El “hacer lo que se debe” implica tomar decisiones que, aunque impopulares, sean necesarias para el bienestar general. En este sentido, la implementación de un ajuste severo sin una red de contención social adecuada podría interpretarse como una visión parcial de la libertad, …
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… una que prioriza la autonomía individual sobre la estabilidad colectiva. En una sociedad, la verdadera libertad no solo se mide por la ausencia de regulaciones, sino también por la posibilidad real de los ciudadanos de ejercer sus derechos y alcanzar una vida digna.
Milei ha criticado duramente el rol del Estado en la economía, pero la pregunta que surge es si su modelo de libertad está generando mejores condiciones para la mayoría o simplemente permitiendo que algunos “hagan lo que quieren” a expensas de otros. La desregulación sin un marco de protección para los sectores más vulnerables podría derivar en una sociedad más desigual, donde la libertad real solo sea accesible para unos pocos.
La frase en cuestión nos invita a reflexionar sobre el equilibrio entre derechos y responsabilidades. La libertad no es solo la capacidad de actuar sin restricciones, sino también el compromiso de construir una sociedad donde todos puedan ejercerla plenamente. En el caso de Milei, el desafío es demostrar que su modelo de gobierno no se queda en una interpretación superficial de la libertad, sino que realmente conduce a un país donde se haga lo que se debe para garantizar un bienestar sostenible para todos.
