Una figura de hierro para una leyenda del rock: Coronel Suárez homenajeó a Ricardo Iorio. Una escultura de casi seis metros se levanta en las sierras que el músico eligió como refugio. A tres años de su partida, la obra de Rodolfo “Roppo” Marsch y su hijo Ian transforma el paisaje en un lugar de memoria, afecto y reconocimiento a uno de los grandes referentes del heavy metal argentino.
El silencio de las sierras de Coronel Suárez encontró este sábado una manera distinta de recordar a Ricardo Iorio. A tres años de su fallecimiento, admiradores y seguidores se acercaron para rendir tributo a una figura que dejó una marca profunda en la música argentina. Allí, entre lomas y horizontes abiertos, una imponente escultura de casi seis metros se convirtió en símbolo de una ausencia que sigue presente en miles de corazones.
La obra, realizada por el escultor Rodolfo “Roppo” Marsch junto a su hijo Ian, se encuentra en las inmediaciones del paraje El Campamento, a unos diez kilómetros de la vivienda donde residió el músico. No es un sitio elegido al azar: representa ese paisaje que Iorio hizo propio durante sus últimos años, lejos del ruido de las grandes ciudades y cerca de una tierra con la que construyó un vínculo íntimo y profundo.
Iorio fue mucho más que una voz reconocible o un músico de personalidad inconfundible. Como fundador de V8, Hermética y Almafuerte, contribuyó decisivamente a construir la historia del heavy metal nacional. Sus canciones hablaron del trabajo, las dificultades cotidianas, las convicciones y el sentimiento de pertenencia. Para varias generaciones, sus letras fueron compañía, refugio y una forma de expresar aquello que muchas veces resulta difícil decir con palabras.
Detrás de este homenaje también existe una historia de amistad y de sueños compartidos. La idea original contemplaba levantar un monumento al cacique Pichihuinca, figura histórica de la región, una iniciativa que el propio Iorio había conversado con Marsch. Después de su muerte, el escultor decidió transformar aquel proyecto y sumar la imagen del músico, uniendo así la memoria regional con el legado de un artista profundamente ligado a sus raíces.
Construir una figura de semejante dimensión exigió esfuerzo, paciencia y trabajo artesanal. Padre e hijo ensamblaron una estructura metálica reforzada, preparada para resistir los fuertes vientos y las inclemencias del clima serrano.
La colaboración de amigos, allegados y del Municipio de Coronel Suárez, que aportó recursos para realizar la base de hormigón, fue fundamental para avanzar con una obra que nació del afecto y se sostuvo gracias al compromiso colectivo.
La escultura representa apenas la primera etapa de un conjunto monumental que alcanzará aproximadamente once metros cuando se incorpore una gran lanza, concebida también como mástil para izar la bandera argentina. De esa manera, el homenaje reunirá la figura del músico, el paisaje que amó y los símbolos que acompañaron su identidad artística, en una composición que busca perdurar frente al paso del tiempo.
Hay homenajes que se expresan con palabras, otros con canciones y algunos que necesitan encontrar su lugar en el mundo. Este tiene el peso del hierro, la dimensión de una figura monumental y la sensibilidad de quienes se negaron a dejar que el recuerdo se apagara. Cada pieza colocada en las alturas parece llevar algo de aquella historia compartida, de las conversaciones, la música y la amistad que sobrevivieron a la despedida.
La jornada del 24 de octubre, fecha en que se cumplieron tres años de su muerte, volvió a demostrar que el vínculo entre Iorio y su público no terminó con su partida. Sus seguidores llegaron hasta las sierras para reencontrarse con su memoria, compartir el recuerdo y celebrar una obra que aspira a convertirse en referencia para quienes encuentran en su música una parte de su propia historia.
Quizás allí resida el sentido más profundo de este monumento: no solamente en la altura que alcanza, sino en aquello que representa. Ricardo Iorio eligió estas tierras para vivir una etapa fundamental de su vida, y ahora su figura permanecerá en ese horizonte que tantas veces contempló. En las sierras de Coronel Suárez, el hierro se transforma en memoria y la memoria, en un abrazo que atraviesa generaciones.
Porque hay voces que no desaparecen cuando dejan de escucharse en un escenario. Permanecen en las canciones, en las historias que otros cuentan y en los lugares que formaron parte de su camino. Hoy, entre las sierras bonaerenses, una figura monumental recuerda que Ricardo Iorio ya no está físicamente, pero su legado sigue encontrando nuevas maneras de hacerse presente.
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