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Dejamos el invierno atrás, el 1º de septiembre comienza la primavera meteorológica

Con la llegada de septiembre, el calendario empieza a transmitir una sensación diferente en el hemisferio sur. Aunque todavía puedan presentarse jornadas frías e incluso heladas, desde el punto de vista meteorológico el invierno ya quedó atrás. Este martes 1º de septiembre comenzó oficialmente la primavera meteorológica, una clasificación utilizada por las ciencias de la atmósfera.

La explicación está vinculada con la forma en que la meteorología divide las estaciones. En lugar de tomar como referencia el instante exacto de los solsticios y equinoccios, utiliza períodos completos de tres meses. De esta manera, en el hemisferio sur el invierno meteorológico comprende junio, julio y agosto, mientras que la primavera abarca septiembre, octubre y noviembre.

Esta convención permite trabajar con períodos climáticos más uniformes y facilita la comparación de temperaturas, precipitaciones y otros registros atmosféricos. Los especialistas consideran que los meses completos representan mejor la evolución estacional del clima, ya que los efectos térmicos no cambian de manera instantánea cuando ocurre un determinado fenómeno astronómico.

Por eso, desde este martes puede hablarse de primavera meteorológica, aunque la primavera astronómica todavía esté a varias semanas de distancia. Son dos maneras diferentes, pero igualmente válidas, de establecer el comienzo de las estaciones. Una se basa principalmente en el comportamiento climático y la otra en la posición de la Tierra y su relación con el Sol.

El contraste entre ambas definiciones puede comprenderse con el invierno. En términos astronómicos, la estación comienza con el solsticio de junio, cuando se produce el menor período de iluminación solar en el hemisferio sur. Sin embargo, las temperaturas más bajas suelen registrarse varias semanas después, debido a la respuesta gradual de la atmósfera y de la superficie terrestre.

De allí surge la necesidad de una clasificación meteorológica basada en meses completos. Para esta disciplina, el verano comprende diciembre, enero y febrero; el otoño, marzo, abril y mayo; el invierno, junio, julio y agosto; y la primavera, septiembre, octubre y noviembre. Así, el inicio de cada estación resulta fijo en el calendario.

Pero existe también la tradicional división astronómica, que es la que suele asociarse popularmente con los cambios de estación. En este caso, los comienzos están determinados por los equinoccios y los solsticios, fenómenos relacionados con la posición de la Tierra respecto del Sol y con la inclinación del eje terrestre durante su recorrido orbital.

Los equinoccios ocurren dos veces al año, alrededor de marzo y septiembre. Se producen cuando el Sol se encuentra alineado con el ecuador terrestre, generando una situación en la que la duración del día y de la noche es aproximadamente similar. En el hemisferio sur, el equinoccio de marzo marca el comienzo del otoño y el de septiembre, el inicio de la primavera.

La propia palabra “equinoccio” tiene un origen que ayuda a comprender el fenómeno. Proviene del latín aequinoctium, una expresión asociada con la idea de “noche igual”. El término hace referencia a la cercanía entre las horas de luz y oscuridad durante ese momento del año, aunque esa igualdad exacta puede variar según la ubicación geográfica y otros factores.

Los solsticios, en cambio, representan los momentos del año en que el Sol alcanza su máxima distancia aparente respecto del ecuador terrestre. En el hemisferio sur, el solsticio de junio marca el comienzo astronómico del invierno y se vincula con el período de menor duración del día, mientras que el de diciembre señala la llegada astronómica del verano.

La palabra “solsticio” también tiene raíces latinas y deriva de solstitium, una expresión relacionada con la idea de un “Sol detenido”. El nombre surgió de la percepción del movimiento aparente del astro en el cielo, que parece alcanzar un límite en su desplazamiento antes de comenzar progresivamente el recorrido estacional en sentido contrario.

En 2026, la primavera astronómica llegará a la Argentina el martes 22 de septiembre. Según el calendario de equinoccios y solsticios del Instituto de Astrofísica de La Plata, el equinoccio de septiembre se producirá exactamente a las 21.05, hora oficial argentina, dando inicio formal a la nueva estación desde el punto de vista astronómico.

Aunque popularmente el 21 de septiembre es identificado como el Día de la Primavera, la fecha astronómica no es siempre la misma. Puede variar de un año a otro debido a la duración del movimiento de traslación de la Tierra y a los ajustes que establece el calendario. Por esa razón, en 2026 el cambio astronómico de estación se producirá recién durante la noche del 22 de septiembre.

Mientras tanto, septiembre ya comienza a modificar el paisaje y las sensaciones cotidianas. Las horas de luz continúan extendiéndose, aparecen nuevos brotes en muchas especies vegetales y el sonido de las aves vuelve a ganar protagonismo. Eso no significa que el frío haya desaparecido, pero sí que el calendario meteorológico ya ingresó en el trimestre primaveral.

La llegada de la primavera meteorológica tampoco garantiza temperaturas inmediatamente elevadas. Durante septiembre pueden producirse irrupciones de aire frío, lluvias, heladas tardías y jornadas propias del invierno. La transición estacional es gradual y la atmósfera mantiene una gran variabilidad, especialmente en regiones donde existen marcados contrastes térmicos.

Por lo tanto, este 1º de septiembre puede decirse que el invierno terminó desde la mirada de la meteorología, aunque todavía habrá que esperar hasta el 22 para despedirlo astronómicamente. Dos calendarios, dos criterios y una misma realidad: el hemisferio sur comienza a avanzar hacia días cada vez más largos y hacia una nueva etapa del año.

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