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Deleitaron a las visitas del ex Aquarium pero hoy esperan saber que será de sus vidas

El silencio del Aquarium: qué pasará con los animales que aún esperan un nuevo hogar. Donde antes hubo aplausos, música y familias enteras maravilladas, hoy quedan pasillos vacíos, instalaciones deterioradas y 66 vidas que resisten en silencio. El cierre del Aquarium de Mar del Plata no solo marcó el fin de un clásico del verano en la ciudad.

También abrió una herida que todavía no cicatriza: la incertidumbre sobre el destino de los animales que durante años fueron el corazón del lugar. Durante décadas, el Aquarium fue sinónimo de infancia, de vacaciones, de asombro. Generaciones enteras pasaron por sus gradas para ver shows de lobos marinos o recorrer las pingüineras. Hoy, ese mismo predio muestra otra cara.

Imágenes recientes difundidas por Infobae reflejan el abandono: sillas apiladas, sectores cerrados, un microcine cubierto de suciedad y estructuras que evidencian el paso del tiempo sin mantenimiento. Pero lo más impactante no es lo que falta, sino lo que permanece. 66 vidas que aún dependen del lugar
En medio del silencio, todavía hay vida. Quedan: 4 lobos marinos de dos pelos, 56 pingüinos magallánicos, 2 pingüinos rey y 4 pingüinos saltarín.

Todos bajo el cuidado de apenas 12 trabajadores que continúan asistiendo a los animales, sosteniendo una rutina diaria que ya no tiene público, pero sí una enorme responsabilidad. La quiebra del predio puso la situación en manos de la síndica Andrea Hoff, quien debe garantizar no solo la administración de los bienes, sino también algo mucho más urgente: la supervivencia de los animales.

Hasta principios de marzo, el alimento estaba asegurado por un tiempo limitado: un mes para los lobos marinos y hasta tres meses para los pingüinos. Desde entonces, el desafío es constante. Sin ingresos por entradas —porque hace más de un año que el parque no funciona comercialmente—, el sostenimiento depende de recursos internos y de decisiones que aún están en proceso.

La esperanza, aunque frágil, empieza a tomar forma. Se avanza en gestiones para reubicar a los animales en espacios que puedan garantizar su bienestar: Los lobos marinos podrían ser trasladados a Mundo Marino. Los pingüinos serían derivados a instituciones como la Fundación Bubalcó. También se evalúan alternativas como el Bioparque Batán y la Fundación Temaikén

Cada traslado implica logística, adaptación y cuidados específicos. No es solo mover animales: es reconstruir sus entornos. El Aquarium ya no existe como espacio de entretenimiento, pero su historia todavía no terminó. En ese predio detenido en el tiempo, hay trabajadores que siguen cumpliendo su tarea sin aplausos. Hay animales que esperan. Y hay decisiones que marcarán su destino.

El silencio del Aquarium no es definitivo. Es un momento de transición. Porque detrás de cada instalación vacía, aún laten historias vivas que necesitan una resolución urgente y responsable. El verdadero cierre no será cuando se apaguen las luces del predio, sino cuando cada uno de esos animales encuentre un lugar digno donde continuar su vida.

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