El último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) mostró que la inflación de febrero fue del 2,9%, un nivel similar al de enero y apenas por encima de lo que esperaban los analistas. En términos interanuales, los precios acumulan 33,1%, lo que refleja que el proceso de desaceleración inflacionaria sigue siendo frágil.
Sin embargo, detrás de ese número promedio aparecen señales preocupantes que ponen en duda la estabilidad del índice en los próximos meses. El mayor aumento del mes se registró en vivienda, servicios públicos y combustibles, que treparon 6,8%, más del doble del promedio general.
Este comportamiento es relevante porque los servicios tienen un peso creciente en la estructura del gasto de los hogares y suelen ser precios regulados o semirregulados, lo que implica que pueden seguir ajustándose en los próximos meses. En otras palabras, mientras el índice general parece estabilizarse cerca del 3% mensual, los rubros estructurales continúan subiendo a un ritmo mucho mayor.
El rubro alimentos y bebidas también mantuvo incrementos importantes, con subas en torno al 3,3% en febrero, impulsadas en parte por la carne y otros productos básicos. Este componente es especialmente sensible porque impacta directamente en la canasta básica y en el poder adquisitivo de los salarios.
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Las primeras semanas de marzo muestran que la estabilidad del índice podría ser transitoria. En distintos mercados mayoristas y cadenas comerciales se registraron subas fuertes en materias primas y carnes, con incrementos que en algunos casos se acercan al 20%, anticipando presión inflacionaria para los próximos meses. La carne ya venía mostrando una tendencia alcista en meses anteriores, con fuertes aumentos en distintos cortes y un peso creciente en el índice de precios.
El dato del 2,9% mensual muestra que la inflación ya no está en niveles de crisis extrema como en años anteriores. Sin embargo, también evidencia un fenómeno distinto: una inflación más baja pero persistente, que se mantiene cerca del 3% mensual desde hace varios meses. Ese nivel implica que, aun sin saltos bruscos, los precios seguirían acumulando más de 40% anualizado, una cifra todavía elevada para estabilizar la economía.
El desafío para la política económica será evitar que los aumentos en tarifas, combustibles y alimentos vuelvan a acelerar el índice general. Si las subas de marzo en carnes y materias primas se trasladan al consumidor, el actual equilibrio inflacionario podría romperse rápidamente. En ese contexto, el 2,9% de febrero puede interpretarse menos como una victoria definitiva contra la inflación y más como una pausa en medio de presiones que todavía siguen activas en la economía argentina.











