Revancha y fin de ciclo: Marcelo Gallardo deja River Plate tras caer ante el Vélez de Guillermo Barros Schelotto. El fútbol argentino, siempre atravesado por pasiones y cuentas pendientes, volvió a ofrecer una escena cargada de simbolismo. Marcelo Gallardo dejará de ser el entrenador de River Plate luego de la derrota 0-1 frente a Vélez, dirigido por Guillermo Barros Schelotto.
La caída no solo marcó el cierre de su segundo ciclo: también reavivó una vieja historia de revanchas entre dos entrenadores que construyeron parte de su identidad enfrentándose. Gallardo se despedirá este jueves en el Monumental ante Banfield, en medio de un clima de decepción deportiva: 12 derrotas en los últimos 20 partidos y un equipo que nunca logró encontrar regularidad ni funcionamiento.
La escena tiene inevitablemente sabor a ajuste de cuentas. En diciembre de 2018, la final de la Copa Libertadores entre River y Boca Juniors —disputada en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid— marcó un antes y un después en la historia del Superclásico. El equipo de Gallardo se impuso 3-1 en el global y el golpe deportivo derivó meses después en la salida de Barros Schelotto del banco xeneize.
Aquella derrota fue determinante para el ciclo del Mellizo en Boca. El peso simbólico de perder la final más trascendente de la historia ante el clásico rival resultó imposible de sostener. Siete años más tarde, el destino cruzó los caminos de ambos en un contexto diferente. Ahora fue el Vélez de Guillermo el que le dio el golpe final al segundo ciclo de Gallardo en River. Una revancha silenciosa, sin final continental en juego, pero cargada de significado.
El regreso de Gallardo en agosto de 2024, tras la salida de Martín Demichelis, despertó ilusión inmediata en Núñez. Su primera etapa (2014-2021) había sido la más gloriosa en la historia moderna del club: 14 títulos, entre ellos dos Copas Libertadores (2015 y 2018), una identidad futbolística marcada y una hegemonía regional.
Pero esta segunda etapa nunca logró despegar. En 85 partidos, el balance fue irregular: 35 victorias, 32 empates y 18 derrotas. No hubo títulos, las participaciones internacionales resultaron decepcionantes y el equipo quedó lejos de la pelea en torneos locales.
El dato más preocupante fue la falta de funcionamiento colectivo, incluso en un contexto económico favorable. River invirtió cerca de 100 millones de dólares en refuerzos durante este período, pero el plantel terminó mostrando descompensaciones y bajo rendimiento en nombres clave.
Paradójicamente, uno de los pocos puntos altos del ciclo fueron dos triunfos ante Boca: el 1-0 en La Bombonera por la Liga 2024 con un equipo alternativo y el 2-1 en el Monumental por el Apertura 2025. Chispazos en medio de una etapa que nunca encontró estabilidad. La derrota ante Vélez fue el detonante final. Tras el partido, Gallardo suspendió la conferencia de prensa y horas después comunicó su decisión de dar un paso al costado.
El fútbol argentino suele escribir sus relatos en clave de épica y revancha. Barros Schelotto supo irse tras caer frente a Gallardo en la final más trascendente del continente. Ahora, el Muñeco se marcha tras perder frente al equipo del Mellizo. No es una revancha en igualdad de condiciones, ni compensa aquella herida histórica en Madrid. Pero sí agrega un capítulo más a una rivalidad que marcó una era.
Mientras River inicia la búsqueda de un nuevo entrenador, la primera etapa de Gallardo permanecerá intacta en la memoria colectiva. La segunda, en cambio, quedará como un recordatorio de que en el fútbol —como en la vida— las revanchas existen y los ciclos, incluso los más gloriosos, también se terminan.











