La Provincia alertó por el récord de importaciones de tomate y cuestionó el modelo agroalimentario: “No consumimos lo que producimos”. El ministro de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires, Javier Rodríguez, expresó su preocupación por el récord de importaciones de tomate que registra la Argentina y advirtió sobre las consecuencias que este escenario tiene para la producción local, la soberanía alimentaria y el desarrollo científico nacional.
Las declaraciones fueron realizadas durante una actividad oficial en el cordón hortícola platense, uno de los principales polos productivos del país, y se inscriben en una serie de advertencias que viene formulando el Gobierno bonaerense respecto del impacto del actual esquema agroalimentario. La situación fue reflejada por el diario La Capital de Mar del Plata.
Rodríguez puso el acento en los datos del comercio exterior y remarcó que el país atraviesa un contexto inédito. “En 2025 se alcanzó un récord: hoy importamos más tomate del que exportamos. Ni siquiera producimos todo lo que consumimos”, señaló el funcionario, al tiempo que calificó el fenómeno como una señal de alerta para el sistema productivo argentino. Para el ministro, este escenario deja en evidencia las limitaciones del modelo vigente, que no logra garantizar el abastecimiento interno ni proteger a los productores locales frente a la competencia de productos importados.
Desde la cartera agraria bonaerense advirtieron que el aumento sostenido de las importaciones golpea de lleno al cinturón hortícola, donde se concentra una parte clave de la producción de tomate. Según explicó Rodríguez, la presión de mercadería proveniente del exterior desalienta la producción nacional, reduce los márgenes de rentabilidad y pone en riesgo la continuidad de pequeños y medianos productores. “Cuando un país que tiene capacidad productiva termina dependiendo del exterior para un alimento básico, hay un problema estructural que debe revisarse”, señalaron desde el entorno del ministro.
En su análisis, Rodríguez también vinculó el crecimiento de las importaciones con los compromisos internacionales asumidos por la Argentina en materia de propiedad intelectual de semillas, en particular los criterios del convenio UPOV 91. Según sostuvo, estos esquemas tienden a favorecer la concentración económica y la dependencia tecnológica, en detrimento del desarrollo científico local.
Además, advirtió que este modelo pone en riesgo prácticas productivas históricas y saberes construidos a lo largo de generaciones en el sector hortícola. “Defender lo que producimos es defender la capacidad de decidir qué comemos, cómo lo producimos y para quién”, afirmó Rodríguez, al insistir en la necesidad de fortalecer el mercado interno, acompañar a los productores locales y reducir la dependencia de las importaciones como eje de una política agroalimentaria más equilibrada.











