En Oriente el fuego quemó unas 10 mil hectáreas y el sudoeste es un “polvorín”. Desde el municipio dorreguense afirman que la zona está en “emergencia roja” por la falta de agua, las temperaturas y los vientos fuertes. Hasta este sábado se mantenía una guardia de cenizas en las zonas afectadas. “Si uno mira las banquinas de la Ruta 3, tenemos presencia de 80 o 90 centímetros de pasto seco”, afirmó Ramiro Zarzoso a La Voz del Pueblo
El paisaje rural y costero de Coronel Dorrego sintió los efectos de un incendio voraz que, después de cinco días de una dura lucha, dejó un saldo de aproximadamente 10.000 hectáreas afectadas, en su gran mayoría pertenecientes a propietarios de dos grandes estancias de la zona de Oriente y Marisol. Pero también afectó en menor medida a zonas públicas pertenecientes al distrito.
El director municipal de Ambiente, Obras y Servicios Públicos, Ramiro Zarzoso, habló con La Voz del Pueblo para contar el recorrido que hizo este sábado junto al intendente Juan Carlos Chalde -por Marisol- para supervisar las consecuencias del siniestro y lanzar una advertencia contundente cuando afirmó que la región se encuentra en un estado de “emergencia roja”.
Enemigo bajo la arena
El fuego se originó el pasado 27 de diciembre en la zona de Valle Hermoso, en dirección a Monte Hermoso. Lo que comenzó en una zona de bañados y médanos, impulsado por la sequía y la abundancia de materia orgánica seca, tomó una velocidad alarmante hacia el este.
Al alcanzar el establecimiento La Cautiva, una rotación del viento hacia el sur empujó las llamas hacia la parte continental, donde el fuego consumió rastrojos, alambrados y una importante plantación de pinos, según describió.
La magnitud del fuego requirió un despliegue de numerosas dotaciones que incluyó a más de 70 bomberos de diversas localidades como Oriente, Marisol, Coronel Dorrego, Copetonas, Claromecó, Tres Arroyos, entre otras, además de dos aviones hidrantes y un helicóptero gestionados ante el Ministerio de Seguridad para combatir los focos en terrenos inaccesibles.
Sin embargo uno de los mayores desafíos fue el carácter “invisible” del incendio. Según explicó Zarzoso la cortadera -una planta autóctona- permitió que el fuego “se propagara por los rizomas (tallos horizontales) debajo de la arena. Te parece que está apagado, pero viene prendido por abajo”, precisó el funcionario para dejar en claro también que aún se mantiene una estricta guardia de ceniza en la zona.
“El sudoeste es un polvorín”
A pesar que el foco principal en Marisol fue controlado, la preocupación de las autoridades dorreguenses ante lo frágil que se encuentra la zona rural por la falta de agua, altas temperaturas y vientos fuertes, Zarzoso fue tajante al describir la situación al sostener que “estamos en emergencia roja en toda la zona”.
Esta circunstancia crítica se debe a una combinación climática peligrosa producto de una primavera llovedora que generó un gran volumen de vegetación, seguida de una intensa sequía. “Si uno mira las banquinas de la Ruta 3, tenemos presencia de 80 o 90 centímetros de pasto seco”, advirtió Zarzoso quien planteó que con ráfagas de viento que alcanzan los 70 km/h, cualquier chispa se vuelve incontrolable en cuestión de minutos.
También le confió a este diario cuál era “el mayor temor” que tenían desde el municipio, al señalar que observaban con desconfianza si el fuego descontrolado pasaba la barrera del arroyo ‘Los Gauchos’ para después tener a Marisol a unos 20 kilómetros, cuando todavía está fresco en la memoria el gran incendio que afectó a la localidad en 2014.
Asimismo explicó que el sector fiscal afectado fue menor, y puntualmente afirmó que la reserva Dunas de la Pampa Austral no resultó afectada. “El fuego atravesó parte del borde de la reserva, no hubo gran daño”, aseguró.
El factor humano
El funcionario dorreguense enfatizó que, más allá de causas fortuitas como caída de rayos o desperfectos eléctricos -como el incendio registrado recientemente en El Perdido-, la mano del hombre suele estar detrás de estos desastres. Desde un conductor que arroja una colilla de cigarrillo hasta otro que deja un fogón mal apagado o que estaciona su vehículo con el escape caliente sobre el pasto seco de la banquina, el riesgo es constante según comentó.
“Pedimos la colaboración a los vecinos para que donde vean humo, llamen a los teléfonos de emergencia”, instó Zarzoso al remarcar que la rapidez en el aviso es determinante. Entiende que es vital que quienes transitan o visitan las zonas rurales tengan empatía y precaución, ya que el rastrojo de la cosecha y el viento actual convirtieron al distrito en un escenario de peligro extremo.











