En un articulo de opinión muy crítico de la actual gestión del gobierno nacional por parte del diario pampeano La Arena se hace mención de la actitud anti popular de éste de desamantelar todo lo que la “casta” no usa. La línea férrea Buenos Aires-Rosario-Córdoba-Tucumán acaba de ser discontinuada por el gobierno nacional con la excusa de que daba pérdida. No se mostraron balances, ni un estudio de impacto ambiental y social de esa medida. Sólo se aplicó la vieja receta de la derecha argentina cuando de quitar bienestar a la población se trata: se apela a la supuesta carga económica que esa línea representaba.
Ningún intento de hacerlo eficiente, ni de medir con más amplitud el impacto del corte del servicio. No es un dato menor que la casta que hoy nos gobierna, los funcionarios que lo decidieron, no usan ese servicio. Cuando deben viajar al interior del país tienen a su disposición pasajes gratuitos en las líneas aéreas de cabotaje si no aviones privados de empresas que se complacen en hacerles la gauchada. Como a Espert, el candidato del partido gobernante que recorría el país no en auto o en tren como los comunes argentos, sino en los aviones de la flota de un narco, preso hoy en Estados Unidos.
Esa línea férrea que acaba de ser cerrada para el transporte de pasajeros (los trenes de carga no sufrieron la misma suerte) fue inaugurada hace más de cien años y una buena parte lo fue con inversión directa estatal. El objetivo en aquéllos años de gobierno de nuestra oligarquía fue conectar el interior productivo con los puertos. Y de paso prestarle un servicio a los pasajeros que, como se sabe, hasta ese momento se movían en carruajes con tracción a sangre. Eran años de pasajes caros y servicios prestados por empresas extranjeras. Al tren lo usaban las clases acomodadas. Los trabajadores para viajar y llevar su fuerza de trabajo de una zafra a otra, de una cosecha a una recolección, recorrían miles de kilómetros todos los años, pero no lo hacían en los trenes de pasajeros. Viajaban subidos a los techos de los trenes de carga, compartiendo su viaje con animales o frutos del país.
La idea se la debemos a uno de esos gobernadores de la provincia de Buenos Aires perteneciente a la clase terrateniente de apellido Crotto, que no era ningún croto, pero de él proviene el nombre de los sudorosos laburantes desheredados de la Argentina que viajaban en tren de carga. Por decreto estableció que podían moverse por el país para sus trabajos de fatiga en los vagones donde se llevaba la hacienda o los cereales. No se le ocurrió regular el trabajo y obligar a los patrones de esos años a pagar más. No había leído el informe Bialet Massé donde se escribía con toda crudeza la situación semi esclava de la clase trabajadora local.
En esos años la Argentina tenía Ministerio de Agricultura pero no de Educación, que recién se creó en 1949. Hoy la Argentina no tiene ninguno de los dos. Pero sí tiene un Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, bajo cuya órbita se decide la suerte de los organismos públicos como el INTA, INTI, Arsat, el Inadi, la ANSV, Inafci, CNRT, Inase o la propia Vialidad Nacional, cuyo intento de disolución fue frenado por la justicia y el Congreso.
Ese intento de disolver el organismo que le dio al país una red vial que fue orgullo del país va de la mano con la destrucción de los últimos bolsones de la red ferroviaria de pasajeros. La ausencia de mantenimiento de las rutas argentinas, una medida criminal que lleva dos años de cumplimiento y cuyo resultado se ve a diario en las crónicas policiales sobre accidentes, no le quita el sueño a la casta que hoy nos gobierna. Ellos no usan ni el tren ni las rutas argentinas. Como no usan los hospitales públicos ni las escuelas del Estado. Todos servicios públicos que desfinancian.












