Finde sin fútbol por la violencia: ni primera ni segunda. Tras un encuentro registrado este martes en la Liga Regional Tresarroyense de Fútbol, con la presencia de los efectores de ese deporte, se decidió que por las causas de violencia de las últimas semanas no se juegue la fecha de primera ni de segunda división. Estaban el Presidente de la Liga Jorge Balda, los delegados de los clubes y jefes policiales, entre ellos Ignacio De Giorgi, titular de la Policía Comunal ,Franco Solli Jefe de Comisaría Tres Arroyos, su par de Gonzáles Chaves, Luis Cristeche y la subcomisario Natalia Díaz.
Se decidió que este fin de semana no habrá fútbol de primera y segunda. Si, se va a jugar inferiores y fútbol femenino, porque inferiores y femenino no tiene personal de seguridad. Lo que si se suspende es lo que tiene seguridad policial, porque explicó el titular de la policía comunal, Ignacio De Giorgi que le llegó la directiva, la bajada de línea de la APREVIDE, que de acuerdo a los últimos incidentes registrados los partidos se deben jugar sin espectadores ni locales y ni visitantes.
Los clubes entendieron que no se puede de esa manera porque no recaudan para enfrentar los gastos, entonces se decidió no jugar el fin de semana ni primera ni segunda. Hubo un compromiso de trabajar juntos los clubes y la policía para tratar que se vuelvan a abrir las canchas, para que el público pueda volver la próxima fecha.
De Giorgi citó para las próximas horas a los cuatro clubes que tuvieron responsabilidad en los incidentes en las últimas fechas a Colegiales, Quilmes, El Nacional y Huracán para tratar cuestiones a esto incidentes para ir solucionando. También explicó que no recibió ninguna comunicación o declaración de los clubes involucrados de los incidentes de aquellos protagonistas de la violencia y tampoco ningún club saco un comunicado haciéndose responsable de sus hinchas que provocaron desmanes.
La violencia en el deporte: cuando la pasión se convierte en amenaza
Incidentes dentro y fuera de las canchas encienden alarmas sobre la cultura del fanatismo y la falta de control en los espectáculos deportivos. La violencia en el deporte, un fenómeno que debería ser la excepción, se ha vuelto una constante en diferentes disciplinas y niveles competitivos. Desde agresiones entre jugadores hasta disturbios entre hinchas y ataques a árbitros, los episodios violentos empañan el espíritu que debería primar en toda competencia: el respeto, la superación y el juego limpio.
Uno de los ejemplos más recurrentes se da en el fútbol, donde la rivalidad entre equipos muchas veces se transforma en enfrentamientos físicos entre hinchadas, incluso con consecuencias fatales. En Argentina, Brasil, Colombia, y otros países con una fuerte cultura futbolera, se han registrado numerosas tragedias relacionadas con barras bravas, cuyas disputas exceden lo deportivo y rozan lo delictivo.
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Pero la violencia no es exclusiva de las tribunas. También se manifiesta en la cancha. En deportes como el rugby, el básquet o el boxeo, hay antecedentes de agresiones físicas entre jugadores, entrenadores y hasta padres de jóvenes atletas en competencias escolares o juveniles. En muchos casos, la presión desmedida por ganar termina convirtiéndose en una olla a presión que explota en forma de insultos, amenazas o golpes.
Los árbitros, por su parte, suelen ser el blanco predilecto de los reclamos violentos. Según diversas asociaciones arbitrales, ha habido un incremento preocupante de agresiones verbales y físicas hacia los jueces, lo que ha llevado a varios de ellos a abandonar la profesión o exigir mayor seguridad.
¿Qué hay detrás de esta violencia?
Sociólogos y psicólogos deportivos coinciden en que la raíz del problema no está solo en el deporte, sino en la sociedad misma. El deporte, como espacio de representación cultural, refleja las tensiones sociales, la frustración, la intolerancia y la falta de educación emocional. Cuando a eso se suma la falta de controles, la impunidad y el fanatismo mal entendido, el resultado es una peligrosa mezcla.
Además, los medios de comunicación y las redes sociales a menudo exacerban los ánimos con coberturas polarizadas, discursos agresivos o viralización de situaciones conflictivas que generan indignación masiva. A veces, se prioriza el espectáculo de la pelea por sobre el análisis deportivo.
¿Qué soluciones existen?
Aunque no hay una fórmula mágica, sí hay caminos posibles. La educación en valores desde edades tempranas, tanto en escuelas como en clubes deportivos, es fundamental. Fomentar el respeto por el rival, el autocontrol y la empatía puede prevenir conductas violentas a largo plazo.
También es clave el rol de las instituciones: federaciones, ligas y gobiernos deben establecer normas claras, sanciones efectivas y dispositivos de seguridad adecuados para evitar que la violencia gane espacio. Y por supuesto, los clubes tienen la responsabilidad de formar deportistas y también ciudadanos.
La violencia en el deporte no es inevitable. Es un síntoma de una enfermedad social que puede tratarse con voluntad, conciencia y compromiso. Porque al final del día, el deporte debe ser celebración, no confrontación.












