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En 27 meses, el salario minimo argentino perdió más del 50% frente al surtidor

Menos litros, menos movilidad: el salario mínimo perdió más de la mitad de su poder de compra en nafta. Un análisis comparativo entre fines de 2023 y la actualidad expone una fuerte caída en la capacidad de acceso al combustible. Aunque los ingresos subieron en términos nominales, el bolsillo rinde cada vez menos.

En la Argentina, donde la economía se mide muchas veces en términos cotidianos, hay un indicador silencioso pero revelador: cuántos litros de nafta puede comprar un trabajador con su salario. Y la comparación entre fines de 2023 y la actualidad arroja un resultado contundente: el poder de compra se redujo de manera drástica.

A finales de 2023, el salario mínimo se ubicaba en torno a los 140.000 a 150.000 pesos, mientras que el litro de nafta súper costaba entre 300 y 350 pesos. En ese escenario, un trabajador podía acceder a entre 400 y 500 litros mensuales, una relación que, dentro de un contexto inflacionario, ofrecía cierto margen de movilidad.

Sin embargo, el panorama actual muestra una realidad muy distinta. Con un salario mínimo que ronda los 330.000 a 340.000 pesos, pero con precios del combustible que oscilan entre 1.600 y más de 2.000 pesos por litro según la región,

… la cantidad de nafta accesible se redujo a entre 170 y 220 litros. La comparación es clara: en poco más de dos años, el salario mínimo perdió más del 50% de su capacidad de compra en términos de combustible. Este deterioro no es un dato menor.

La nafta no es un bien de lujo, sino un insumo esencial para la vida diaria, especialmente en el interior del país, donde el transporte propio es muchas veces la única alternativa para trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos. Aunque desde algunos sectores se sostiene que la actualización de tarifas responde a una “normalización” de precios tras años de atraso, lo cierto es que esa corrección impactó de lleno en el bolsillo de los trabajadores.

Los ingresos, si bien aumentaron nominalmente, no lograron acompañar el ritmo de los combustibles en términos reales. El efecto es directo: menos litros implican menos desplazamientos, menor actividad y un ajuste silencioso en la vida cotidiana. Viajes que se postergan, recorridos que se reducen y decisiones que pasan a depender del costo de cargar combustible.

Más allá de las discusiones técnicas o políticas, la realidad se impone en cada estación de servicio. El surtidor se transformó en un termómetro del poder adquisitivo, y hoy marca una temperatura preocupante. Porque cuando el salario pierde capacidad de movimiento, no solo se resiente la economía: también se achican las oportunidades.

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