En una cancha de Mar del Plata no sólo se escucha el pique de la pelota. Se escuchan risas, gritos de aliento, abrazos y una palabra que lo envuelve todo: sueño. La Selección Argentina de básquet para chicos con síndrome de Down no entrena solamente para competir. Entrena para demostrar que el deporte, cuando es inclusivo, no tiene límites.
Bajo la órbita de la Federación Argentina de Deportes para Atletas con Síndrome de Down, este grupo de jóvenes representa algo más profundo que una camiseta: representa esfuerzo, superación y una manera distinta de entender la vida. Llegan desde distintos puntos del país, con historias distintas, pero con un mismo objetivo: defender los colores argentinos en el Mundial 2026 que se disputará en Hungría en el próximo mes de junio.
El camino que recorren no empezó hoy. En 2025 lograron algo histórico: el subcampeonato en el European Championships en Italia, un resultado que los puso entre los mejores del mundo. Pero lo más importante no fue la medalla. Fue la certeza de que podían competir, crecer y emocionar. Las jornadas en Mar del Plata son intensas. Dobles turnos, trabajos físicos, tácticos… y sobre todo, compañerismo. Cada práctica es una batalla ganada: contra los prejuicios, contra las barreras invisibles, contra las propias dudas.
Porque estos chicos no juegan sólo por ganar partidos. Juegan por demostrar que pueden. Pero hay un rival que no se enfrenta en la cancha: el económico. Para poder viajar al Mundial, el equipo necesita reunir recursos que muchas veces no llegan desde estructuras oficiales. Por eso impulsaron campañas solidarias para cubrir costos de traslado, alojamiento e inscripción.
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Detrás de cada jugador hay una familia, entrenadores y una comunidad que empuja. En tiempos donde el resultado parece ser lo único importante, este equipo recuerda algo esencial: Que el deporte también es inclusión. Que el esfuerzo vale tanto como el triunfo. Y que representar a un país no siempre depende de los recursos, sino del corazón.
Cuando estos chicos se ponen la celeste y blanca, no sólo representan a Argentina. Representan a quienes alguna vez fueron subestimados, a quienes siguen luchando por oportunidades, y a todos los que creen que el deporte puede cambiar vidas. Tal vez no todos lleguen a verlos jugar en Hungría. Tal vez no todos conozcan sus nombres.
Pero hay algo seguro: ya ganaron el partido más importante. El de demostrar que no hay límites cuando hay pasión, equipo y sueños compartidos. Estos son los nombres que formaron parte del equipo en competencias internacionales y concentraciones recientes: Tobías Albarenque, Agustín Bortolotto, Ángelo Fregonese, Bautista Hernández, Martín Mendiara, Lucas Pacheco, Tomás Roldán, Lucas Unhold, Juan Ignacio Alarcón.
El equipo no es fijo todo el tiempo. Surge de un proceso donde se evaluaron más de 130 jugadores de todo el país. Se va ajustando según rendimiento y competencias. Más que nombres, un proyecto federal. Los chicos llegan desde distintos puntos del país: Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, CABA y otras. Eso hace que el equipo tenga un fuerte carácter federal e inclusivo, algo muy potente para destacar en este articulo.
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