El 27 de marzo de 1991 quedó grabado como una fecha clave en la historia económica argentina. Ese día, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 23.928 de Convertibilidad, una medida que redefiniría el rumbo del país durante toda la década de 1990 y dejaría profundas consecuencias en los años posteriores. En el contexto de una economía golpeada por la hiperinflación de finales de los años 80, el gobierno del entonces presidente Carlos Menem impulsó un esquema monetario inédito en el país.
La ley estableció una equivalencia fija entre la moneda local y la divisa estadounidense: 10.000 australes pasaban a valer 1 dólar, sentando las bases de un sistema que luego se consolidaría con la creación del peso convertible. El principal objetivo era claro: detener la inflación y devolver previsibilidad a una economía que venía de años de inestabilidad extrema.
El plan fue diseñado y llevado adelante por el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo, quien impulsó la idea de atar la emisión monetaria a las reservas en dólares del Banco Central. La Convertibilidad también contó con el respaldo de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, que acompañaron el programa económico argentino en sus primeras etapas.
A partir de la implementación del sistema, el país experimentó una drástica caída de la inflación, lo que generó una sensación de estabilidad económica durante varios años.
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Con la posterior introducción del peso, se estableció la recordada paridad: 1 peso = 1 dólar, un esquema que se mantuvo vigente durante aproximadamente 11 años.
Durante ese período, se registraron: mayor acceso al crédito, estabilidad de precios, incremento del consumo, apertura económica y privatizaciones. Sin embargo, también comenzaron a evidenciarse desequilibrios estructurales, como la pérdida de competitividad, el aumento del endeudamiento y el impacto sobre la producción nacional.
Con el paso del tiempo, el modelo empezó a mostrar señales de agotamiento. La rigidez del tipo de cambio, sumada a factores internos y externos, fue debilitando la economía. El desenlace llegó con la crisis de 2001, uno de los momentos más críticos de la historia reciente argentina, que incluyó el corralito financiero, la caída del sistema bancario, una fuerte devaluación, un profundo estallido social, un legado que aún genera debate.
A más de tres décadas de su sanción, la Ley de Convertibilidad sigue siendo objeto de análisis y debate. Para algunos, representó una herramienta clave para salir de la hiperinflación; para otros, sentó las bases de una crisis posterior de enorme magnitud. Lo cierto es que aquel 27 de marzo de 1991 marcó un antes y un después en la economía argentina, dejando enseñanzas que aún hoy forman parte de la discusión sobre los modelos económicos del país.












