Un postre con raíces profundas en las colonias alemanas del sudoeste bonaerense dio un salto inesperado en visibilidad: el clásico strudel de manzana de Coronel Suárez logró instalarse en los principales medios provinciales, tras ser destacado por la Agencia DIB como parte del patrimonio gastronómico de la provincia. Lejos de ser solo una receta, el apfelstrudel —emblema de las comunidades de alemanes del Volga— se consolida así como un símbolo cultural que trasciende lo local y gana reconocimiento en toda Buenos Aires.
El strudel, cuyo nombre en alemán remite a un “remolino”, forma parte de la identidad de las colonias fundadas por inmigrantes en la región, especialmente en Colonia Santa María. Allí, descendientes de aquellos primeros pobladores mantienen viva la receta que llegó desde Europa en los recetarios familiares. La difusión en medios provinciales no solo pone en valor el plato, sino también la historia de las familias que lo preservaron durante más de un siglo, transmitiéndolo de generación en generación.
La reciente publicación de la Agencia DIB posiciona al strudel suarense dentro del “menú bonaerense”, un espacio que busca rescatar sabores tradicionales de distintos puntos de la provincia. En este caso, la receta fue acercada por el cocinero Juan Braceli, quien visitó la región para documentar su elaboración junto a María Ester Goottfriedt, referente local y descendiente de alemanes del Volga.
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El impacto mediático también potencia uno de los eventos más representativos de la zona: la Strudel Fest, que cada año convoca a miles de visitantes en Colonia Santa María. En esta celebración se elabora un strudel gigante —que ha superado los 100 metros de largo—. Se procesa en hornos tradicionales (backhouffen), reafirmando el valor cultural y turístico de esta tradición. La última edición reunió a más de 50 mil personas, consolidándose como una de las fiestas gastronómicas más importantes del interior bonaerense.
El reconocimiento provincial marca un punto importante: el strudel deja de ser solo una especialidad regional para convertirse en un emblema de la diversidad cultural bonaerense. Su presencia en medios como la Agencia DIB no solo amplifica su difusión, sino que también abre la puerta a nuevas oportunidades para el turismo, la gastronomía y la identidad local de Coronel Suárez.
Mientras gana visibilidad en toda la provincia, el strudel mantiene intacta su esencia: una masa estirada a mano, manzanas frescas, azúcar y crema, enrollados con paciencia y tradición. Una preparación simple en ingredientes, pero cargada de historia, que hoy encuentra un nuevo impulso al trascender fronteras y llegar, finalmente, a la agenda de los grandes medios bonaerenses.












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