Al cumplirse medio siglo del Golpe de Estado en Argentina de 1976, vuelve a tomar relevancia uno de los testimonios más impactantes sobre el funcionamiento del terrorismo de Estado: la confesión del ex marino bahiense Adolfo Scilingo, quien en 1995 reveló públicamente cómo operaban los denominados “vuelos de la muerte”. Su declaración marcó un antes y un después. Por primera vez, un integrante de las Fuerzas Armadas admitía de manera directa y detallada uno de los mecanismos más brutales utilizados durante la dictadura para hacer desaparecer personas.
El método del horror
Según relató Scilingo, los “traslados” —como se los denominaba internamente— consistían en arrojar prisioneros vivos al mar o a ríos desde aviones militares. Las víctimas, previamente secuestradas y mantenidas en centros clandestinos como la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), eran sedadas para adormecerlas, despojadas de su ropa y de cualquier objeto que permitiera su identificación, y luego cargadas en aeronaves. En pleno vuelo, eran arrojadas al vacío. El procedimiento no solo buscaba eliminar físicamente a los detenidos, sino también borrar todo rastro de su existencia.
Una confesión en tiempos de impunidad
La gravedad de lo revelado por Scilingo adquiere mayor dimensión si se tiene en cuenta el contexto en el que habló. En 1995, en Argentina aún estaban vigentes las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que limitaban el juzgamiento de los responsables …
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… de los crímenes de la dictadura. Su testimonio, difundido inicialmente a través de investigaciones periodísticas, sacudió a la opinión pública nacional e internacional, y aportó elementos clave para reconstruir lo ocurrido durante aquellos años.
De B. Blanca a tribunales internacionales
Nacido en Bahía Blanca en 1946, Scilingo ingresó a la Armada Argentina en 1968 y formó parte del aparato represivo durante la dictadura. Años más tarde, ya fuera del país, fue juzgado en España bajo el principio de justicia universal. En 2005, la Audiencia Nacional de España lo condenó por delitos de lesa humanidad vinculados a su actuación en la ESMA. La pena, que luego fue ampliada, superó los mil años de prisión por múltiples casos de asesinato y detención ilegal. Su condena se convirtió en un antecedente histórico: fue uno de los primeros represores argentinos juzgados en el exterior por crímenes cometidos durante la dictadura.
Memoria, verdad y una herida abierta
Cinco décadas después del golpe, el relato de Scilingo sigue siendo una pieza clave para entender la magnitud del terrorismo de Estado en Argentina. Los “vuelos de la muerte” no fueron hechos aislados, sino parte de un plan sistemático de exterminio. Su confesión no solo permitió visibilizar el horror, sino también avanzar —aunque tardíamente— en los procesos de memoria, verdad y justicia. A 50 años, la historia sigue interpelando: no solo por lo que ocurrió, sino por la necesidad permanente de sostener la memoria colectiva frente a uno de los períodos más oscuros del país.












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