Un relevamiento realizado en Bahía Blanca encendió una señal de alerta sobre la calidad de distintos productos vegetales comercializados, muchos de los cuales también se distribuyen en otras ciudades de la región. El estudio fue llevado adelante por el Observatorio de Calidad Botánica de Alimentos y Fitoterápicos de la UNS y reveló irregularidades significativas, especialmente en harinas y especias vendidas a granel.
Harina de almendras: 9 de cada 10 muestras, adulteradas. “El 90 % de las harinas de almendras que controlamos, vendidas a granel en comercios locales, están adulteradas”, señaló la doctora Viviana Cambi, directora del Observatorio. Según explicaron las investigadoras, la harina de almendras pura no contiene almidón.
Sin embargo, en numerosos análisis se detectó la presencia de harinas de maíz o de arroz —que sí contienen almidón— utilizadas como sustitutos parciales. Además de constituir un fraude comercial, esta práctica puede representar un riesgo para personas con intolerancias o restricciones alimentarias específicas.
El informe también identificó adulteraciones en especias de consumo masivo como pimentón, orégano y nuez moscada. La doctora Vanesa Pérez Cuadra detalló que en varios casos se encontraron reemplazos o agregados no declarados. Uno de los ejemplos más frecuentes fue la presencia de salvado de trigo —a veces teñido de verde— en productos comercializados como orégano o ají molido.
Dependiendo del porcentaje de sustitución detectado, estos productos podrían considerarse falsificados de acuerdo con lo establecido por el Código Alimentario Argentino (CAA). Las especialistas indicaron que la mayoría de las irregularidades se detectaron en artículos vendidos a granel y sin rótulos completos.
En contraste, los productos envasados en origen y correctamente rotulados rara vez presentaron fallas. En ese sentido, subrayaron que el etiquetado conforme a la normativa vigente es un factor clave para garantizar la autenticidad y calidad del alimento. “La presencia y legitimidad del rótulo es un elemento determinante en cuanto a la calidad del contenido del envase”, remarcaron.
Otro caso relevante es el de la cúrcuma. Históricamente utilizada como adulterante del azafrán, hoy la cúrcuma tiene un mercado propio en expansión debido a la valorización de sus propiedades, especialmente antiinflamatorias. En este nuevo contexto, el fenómeno se invirtió: se detectaron muestras de cúrcuma adulteradas con harina de maíz. Además, se hallaron contaminantes como restos de malezas o partes no admitidas formalmente por el CAA como constitutivas del producto.
Las investigadoras aclararon que, cuando estas presencias son mínimas, pueden considerarse contaminaciones accidentales reguladas por la normativa. Sin embargo, la sustitución deliberada de una materia prima por otra configura una adulteración intencional. A nivel global, la alimentación basada en plantas atraviesa un fuerte crecimiento. Cada vez más consumidores optan por productos vegetales por motivos de salud, preferencias personales o equilibrio nutricional.
En este escenario, las especialistas advirtieron que el aumento de la demanda también exige mayores controles y responsabilidad comercial, ya que muchos de estos productos pueden comercializarse y redistribuirse más allá de la ciudad donde fueron analizados. Por ello, recomendaron priorizar productos con rótulo completo, información de origen verificable y cumplimiento de la normativa vigente. “Es una medida esencial para proteger la salud y garantizar el derecho de la comunidad a una alimentación segura y de calidad”, concluyeron.











