El cierre de listas del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires (PJ Bonaerense) dejó una postal ambivalente: mientras en buena parte del territorio se impuso la unidad tras intensas negociaciones, en la Sexta Sección Electoral persistieron focos de disputa que llevarán a los afiliados a las urnas en Coronel Suárez y Tornquist.
El entendimiento político entre el gobernador Axel Kicillof y el presidente del PJ bonaerense, Máximo Kirchner, permitió desactivar buena parte de las contiendas internas. Según fuentes partidarias, el número de municipios con competencia se redujo de 32 a 17, reflejando una estrategia clara de evitar el desgaste de las urnas y proyectar cohesión en un escenario político complejo.
Sin embargo, la llamada “pax” bonaerense no logró bajar a todos los distritos. En la Sexta Sección, donde el peronismo enfrenta desafíos históricos y equilibrios internos delicados, la síntesis no fue posible en dos municipios clave.
En Coronel Suárez, la falta de consenso en la mesa de negociación de la Junta Electoral partidaria derivó en una interna que se perfila como una de las más significativas de la región. Allí competirán María Alesandra Santarossa y Damián Alberto Meier, en una disputa que expresa la puja entre los sectores alineados con el esquema político del gobernador y aquellos referenciados en La Cámpora y el kirchnerismo duro.
Un escenario similar se vivirá en Tornquist, donde tampoco prosperó la lista de unidad. En este distrito se enfrentarán Alberto José Musso y Juan Carlos Gisler, consolidando el segundo foco de conflicto interno en la Sexta. Ambos casos evidencian que, pese al acuerdo macro, las tensiones por la conducción partidaria y la representación territorial siguen vigentes en el interior bonaerense.
La Sexta Sección mostró resultados dispares. En Adolfo Alsina, por ejemplo, las gestiones políticas lograron confluir en una lista única, evitando la confrontación interna. No obstante, Coronel Suárez y Tornquist rompieron la tendencia y confirmaron que la estrategia de unidad encuentra límites cuando entran en juego liderazgos locales y armado territorial.
En términos políticos, las internas no sólo definirán autoridades partidarias, sino que funcionarán como termómetro del peso real de cada sector en distritos donde el peronismo busca consolidarse de cara a futuros desafíos electorales.
Más allá de la Sexta, el PJ bonaerense consiguió ordenar distritos de peso como Moreno, Hurlingham y Luján, donde los intendentes lograron imponer condiciones o sellar acuerdos con los distintos espacios internos. En Mar del Plata, incluso, se pasó de tres listas a dos tras un entendimiento de último momento entre el sector referenciado en Rodolfo Iriart y el kicillofismo.
El mapa final muestra un peronismo que logró reducir significativamente el número de internas, pero que todavía exhibe tensiones en la base territorial. La disputa por la representatividad del proyecto político de Kicillof frente a la estructura que conduce Máximo Kirchner no desapareció: simplemente se replegó en aquellos distritos donde el consenso no alcanzó.
En las próximas horas, la Junta Electoral del PJ bonaerense oficializará las nóminas que competirán en cada municipio. En la Sexta Sección, al menos en Coronel Suárez y Tornquist, la última palabra la tendrán los afiliados en las urnas.











