Tras más de 80 años de actividad, Fate S.A.I.C.I. anunció el cierre definitivo de sus operaciones en Argentina. La decisión, conocida tras meses de conflicto sindical, caída de la demanda y fuerte presión de importaciones, marca un golpe histórico para la industria del neumático y deja miles de empleos en situación incierta.
La planta de San Fernando —la mayor del sector en el país— permanecía paralizada desde hacía más de un mes. En los últimos dos años, la empresa redujo a la mitad su dotación y, en 2024, avanzó con despidos y retiros voluntarios. También solicitó un Procedimiento Preventivo de Crisis para flexibilizar costos laborales.
El conflicto con el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna), liderado por Alejandro Crespo, se intensificó con acusaciones cruzadas: la empresa habló de pérdida de competitividad y crisis estructural; el gremio denunció un “lock-out patronal” y cuestionó la solidez de los argumentos financieros.
El cierre se da en un contexto adverso para toda la actividad. Las otras dos grandes fabricantes con plantas en el país, Pirelli y Bridgestone, también enfrentan caída de ventas y mayor competencia externa. Las empresas atribuyen la crisis al encarecimiento de insumos y a la apertura comercial.
Todo ello facilitó el ingreso de neumáticos importados —principalmente desde China— hasta un 40% más baratos que los nacionales. En 2025, las plantas locales operaron apenas a un tercio de su capacidad, mientras el consumo interno y la producción automotriz se mantuvieron en retroceso.
Fundada en 1940 con capitales argentinos, Fate comenzó produciendo artículos de caucho y en 1945 inició la fabricación de neumáticos. En 1963 inauguró su planta de San Fernando, que con el tiempo se convirtió en la más grande del país. Su cierre no solo representa el fin de una compañía emblemática, sino también una señal de alarma sobre el presente y el futuro del entramado manufacturero argentino.











