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El gato y el ratón: aprehendido seis veces en un mes por distintos delitos

Detenido otra vez: un joven con seis causas en dos meses y una justicia que llega siempre tarde. La detención de Juan Pablo D’Alessandro, de 18 años, realizada en las últimas horas tras un allanamiento en una vivienda de calle Suárez al 1700 de Coronel Pringles, vuelve a poner en evidencia una situación que se repite y genera creciente malestar social: la reiteración delictiva amparada por la inacción judicial.

El joven fue arrestado por un robo ocurrido el pasado 17 de enero, cuando forzó una ventana y sustrajo de una vivienda un taladro, zapatillas y una billetera. Durante el procedimiento, ordenado por el Juzgado de Garantías N°1 de Bahía Blanca a pedido de la Ayudantía Fiscal local, la policía logró secuestrar el calzado robado, una prueba clave para avanzar en la causa. La identificación fue posible gracias a cámaras de seguridad públicas y privadas y al aporte de vecinos.

Sin embargo, el dato central no es el allanamiento ni el secuestro, sino el historial delictivo del detenido: en apenas un mes, D’Alessandro acumuló al menos seis hechos delictivos, varios de ellos en la misma zona y bajo modalidades similares, sin que ninguna medida judicial efectiva lograra frenar su accionar.

Un prontuario que crece, una respuesta que no llega

Según consta en los registros policiales, el joven fue denunciado en diciembre de 2025 por amenazas a una vecina y por un robo en un comercio de las calles Suárez y Newton, donde quedó filmado por cámaras de seguridad. En enero de este año, la secuencia se intensificó:
El 5 de enero fue aprehendido por tentativa de robo en el mismo comercio.
El 9 de enero, por la mañana, fue imputado por hurto tras hallarse en su domicilio muebles y materiales eléctricos robados.

Ese mismo día, por la tarde, volvió a ser aprehendido al intentar ingresar a una vivienda lindera.
El 15 de enero quedó bajo investigación por el hurto de dinero en efectivo, nuevamente vinculado por filmaciones.
A pesar de esta cadena de hechos, el joven continuó en libertad, reincidiendo una y otra vez, hasta que finalmente se dispuso su detención por el último robo denunciado.

Policía eficiente, justicia ausente

El caso expone una paradoja cada vez más frecuente: la eficacia policial contrasta con la lentitud y permisividad del sistema judicial. Las fuerzas de seguridad actuaron, investigaron, identificaron al sospechoso, reunieron pruebas y realizaron allanamientos. Pero cada aprehensión fue seguida por una nueva liberación, habilitando que el mismo delincuente volviera a delinquir casi de inmediato. Vecinos y comerciantes de la zona, cansados de denunciar siempre al mismo autor, advierten que la sensación de impunidad es total. “Lo agarran y a los pocos días está de nuevo robando”, es la frase que se repite en el barrio.

Un problema que excede un nombre

La detención de D’Alessandro no cierra el problema. Por el contrario, vuelve a abrir una pregunta incómoda: ¿cuántos delitos más deben cometerse para que la justicia actúe con firmeza? Cuando las respuestas llegan tarde, el costo lo pagan las víctimas y la comunidad, mientras los delincuentes aprenden que el sistema permite volver a intentarlo. La reiteración delictiva no es casual ni inevitable. Es, en muchos casos, la consecuencia directa de un engranaje judicial que falla, libera y mira para otro lado. Y mientras eso ocurra, la impunidad seguirá siendo el mejor aliado del delito.

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