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¿Sirve para algo creer cuando todo parece estar tan mal o hasta perdido?

trabajador

Cuando la vida aprieta de verdad —cuando las deudas se acumulan, el trabajo no aparece y el futuro se vuelve una amenaza diaria— la pregunta por la fe deja de ser teórica. Ya no se trata de ideas lindas ni de discursos espirituales, sino de algo mucho más crudo: ¿sirve para algo creer cuando todo parece perdido? Muchos llegan a la fe en estos momentos con bronca, cansancio o desconfianza. Y es comprensible. Porque cuando la necesidad es urgente, cualquier respuesta superficial suena a burla.

Por eso conviene decirlo desde el inicio, sin adornos: la fe no es una varita mágica. No evita la crisis ni reemplaza el esfuerzo. Pero tampoco es inútil ni decorativa. En situaciones límite, puede cumplir un rol profundo y concreto, muchas veces invisible desde afuera, pero decisivo por dentro. De eso trata lo que sigue. No de promesas fáciles, sino de lo que la fe sí puede lograr cuando todo lo demás falla.

Ahora bien, ¿Qué puede lograr la fe?

Es una pregunta muy honesta. Y merece una respuesta sin frases hechas.
La fe no hace desaparecer la crisis.
No paga cuentas por arte de magia ni garantiza trabajo inmediato.
Si alguien te dijo eso, te mintió.
Pero sí puede lograr cosas muy concretas en momentos como el que estás viviendo:

1. La fe te da suelo cuando todo tiembla
Cuando no hay certezas externas (dinero, estabilidad, previsibilidad), la fe funciona como un piso interno.
No te eleva: te sostiene.
Evita que el miedo decida por vos.
No te saca los problemas, pero evita que te rompan por dentro.

2. Te permite no identificarte con el fracaso
En crisis prolongadas, pasa algo peligroso:
dejamos de decir “estoy mal” y empezamos a decir “soy un fracaso”.
La fe corta eso.
Te recuerda que tu valor no depende del contexto económico, ni de la productividad, ni del resultado inmediato.
Eso protege algo clave: la autoestima necesaria para seguir intentando.

3. Ordena la cabeza cuando la ansiedad domina
La fe no es solo creencia: es ritmo.
Orar, leer, repetir una frase, frena el espiral mental:
menos rumiación
menos catástrofe
más claridad para decidir
No resuelve todo, pero te devuelve un poco de control cuando la mente se va al peor escenario.

4. Te ayuda a resistir sin endurecerte
Sin fe, la crisis suele volver a la gente:
amarga
cerrada
desconfiada de todos
La fe permite resistir sin perder humanidad.
Seguir siendo vos.
Eso, aunque no parezca, tiene consecuencias prácticas: mejores vínculos, mejores decisiones, menos impulsos destructivos.

5. Te permite seguir cuando la motivación ya no está
La motivación va y viene.
La fe permanece incluso cuando no sentís ganas.
En crisis largas, no gana el más talentoso:
gana el que aguanta sin quebrarse.
La fe es una forma de aguante interior.

6. Te da un sentido cuando el esfuerzo no rinde
Uno de los dolores más grandes es sentir:
“Hago todo y no alcanza”.
La fe no niega eso, pero dice algo distinto:
Tu esfuerzo no es inútil, aunque hoy no dé frutos visibles.
Eso evita el vacío existencial, que suele ser peor que la pobreza material.
Algo importante, dicho con claridad

La fe no reemplaza:
la búsqueda de trabajo
la ayuda concreta
el apoyo de otros
las decisiones difíciles
La fe acompaña todo eso.
Es el motor que evita que abandones antes de tiempo.

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