Nació en La Colina el "ángel" del que muchos hablan

Placeholder image

Quién es el suarense/lamatritense que ofreció su avión para Darian: “Volamos contra el viento, hacia la vida”. Héctor Oscar Gerk (en la foto, junto a su hijo Mauro) vive en Tierra del Fuego y fue quien se ofreció a trasladar a Darian, el bahiense accientado en México, hasta la Capital, al costo. Marcela Paz, la mamá del joven, lo llamó su “ángel”. Antes, había tenido gestos similares.

El suarense Héctor Oscar Gerk estaba en Buenos Aires (vive entre la Capital y Tierra del Fuego) cuando vio una publicación en Facebook de su prima de Bahía Blanca, Laura Gerk, sobre Darian, el bahiense accidentado en México el pasado 26 de marzo y quien sigue luchando por su vida. Su prima no conocía a la familia pero le consiguió el teléfono.

“Sentí que algo tenía que hacer con esto y al ratito llamé a la mamá. Marcela (Paz) estaba muy triste y preocupada pero con mucha fuerza por conseguir alguien que la ayude”, dijo. Sin dudar, Oscar ofreció su avión y a su hijo como piloto de vuelo, pero era necesario conseguir 7 millones de pesos para cubrir el vuelo, con todos los gastos al costo. Era una carrera contrarreloj.

Empezaron a trabajar juntos, a publicar por todos lados. “Le dije a Marcela: ‘Mañana vas a conseguir lo que falta’”, contó Gerk, quien hace más de 10 años tiene una empresa familiar de aviones con la que realiza vuelos sanitarios y traslados de pasajeros y de carga. “Nunca habíamos hecho un vuelo tan largo. Lo hablé con mis hijos y mi esposa y todos dijeron Vamos para adelante”, comentó.

El avión gasta por cada escala 3500 litros de combustible y el costo es variable en distintos países, pero no baja de los 200 dólares el litro, generalmente. Era necesario hacer dos escalas a la ida y dos a la vuelta, en Iquitos (Chile) y Guayaquil (Ecuador). “También tenés que pagar permisos: es todo en dólares, carísimo. Nunca lo habíamos hecho. Un viaje muy largo y arriesgado: 12 horas de vuelo y la tripulación tenía que descansar y a otro día volver a salir”, contó.

“Un avión es una herramienta, una máquina, que puede llegar a fallar: un generador, un arrancador. La pasamos muy estresados, pendientes del vuelo. Mandé a mi hijo a un lugar al que nunca había ido”, confió. Destacó que, en ese momento, el equipo de mantenimiento “se puso la 10”.

“Vinieron hasta San Fernando a hacerle un chequeo general al avión: fluidos, aire de cubiertas, tubos de oxígeno adicionales, equipo médico, etc”, dijo. Desde el área Comercial generaron los permisos de sobrevuelo en todos los países. Y, finalmente, se logró el vuelo y traer a Darian a la Argentina.

“Sentí el mismo entusiasmo de lo que hacemos día a día. Cada traslado que se hace es algo muy lindo. Es muy gratificante ver como un chico que tiene problemas de salud llega al hospital en óptimas condiciones y después de mucho tiempo cruzarte con esas familias en el supermercado y que te agradezcan por salvar la vida de su bebé o su chico”, mencionó.

“Es muy especial para todos. Hay que correr, llegar a un aeropuerto y combinar la ambulancia, el combustible y el plan de vuelo”, explicó. No es su primer gran gesto solidario: antes ayudó a los inundados de Santa Fe. En 2003, con motivo de las inundaciones en Santa Fe, mucha gente perdió su casa, perdió todo.

Oscar Gerk, quien en ese momento era presidente del Aeroclub de Río Grande, escuchó la noticia de la inundación. Estaba tomando mate con su amigo Gabriel Pindex y se preguntó ¿qué podemos hacer por esa gente? Pasó algo similar a lo de Darian. Pidieron un camión semiremolque a Cruz del Sur, lo ubicaron en la plaza junto a la camioneta del Aeroclub y banderas con la leyenda: “Juntemos por Santa Fe”.

La gente donó tanta ropa que llenaron tres camiones completos. “Llenamos medio hangar de Aeroclub con cajas. La gente donaba y donaba. Fue algo que salió de adentro”, comentó. Una diputada pagó el transporte para llevar la mercadería. “No sabíamos a quién entregar las donaciones allá. Me comuniqué con un señor del aeroclub de Santa Fe, de apellido Montemuro”, contó.

Se sumaron desde Rotary Club y ex combatientes de Malvinas, que acompañaron a los tres camiones. Se entregaron las donaciones. La semana pasada, Gerk regresó a Sauce Viejo, en Santa Fe, a lleva a un equipo de jugadores de fútbol. Mientras los esperaba, se fue a tomar un café a la confitería.

“Le comenté a señor que me atendió, al dueño, de aquella vez que hicimos la campaña por los inundados. Me miró y me dijo: ‘¿Vos sos Oscar Gerk? Yo soy Montemuro’”, contó. “Le conocí la cara después de tantos años al señor al que le mandé lo recaudado en la campaña”, contó.

La familia materna de Héctor es de Villa Rosas. Él nació en La Colina, en la estancia San José, y fue a la escuela de Lucero, cerca de Coronel Suárez. Estudió la Secundaria en la Técnica N º1 de Suárez. Su papá se fue a trabajar a la cantera de Cerro Colorado y falleció. Héctor tuvo que hacerse cargo de sus hermanos; el más chico tenía un año y seis meses.

Trabajó en Paso Piedras, allí conoció a su esposa, que es de Cabildo. Se pusieron de novios y se casaron muy jovencitos. Su otro hermano se fue a trabajar a Tierra del Fuego y Oscar emprendió con su esposa la aventura de irse allí. Fue pionero en la distribución de una reconocida bebida gaseosa en Ushuaia y Río Grande (Tierra de Fuego).

Eso le permitió comprarse un avión. Su papá, cuando él tenía 14 años, lo había querido mandar a la Escuela de Aviación Militar, pero la situación económica no acompañaba. “Me quedé con el sueño de ser piloto de combate”, contó. En Río Grande hizo el curso de piloto, se compró un avión en Pigüé y tuvo un accidente. No obstante, se compró otro avión y aprendió a hacer acrobacias.

Así empezó con la idea de la empresa. Sacó un crédito, aprovechó un avión en oferta y empezó a hace vuelos sanitarios. Sus dos hijos hicieron el curso de pilotos y hoy el menor es instructor de vuelo en EE.UU y es jefe de pilotos mientras que el otro maneja las finanzas de la empresa. Su esposa se encarga de la logística de los vuelos. La empresa tiene tres aviones de pasajeros y tres Learjet, para 8 pasajeros (con espacio para camilla, médico, enfermero y dos acompañantes). / La Nueva

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
COMPARTIR EN REDES
COMENTA EN FACEBOOK
ECOS EN FACEBOOK
ECOS EN TWITTER