Siempre nos pasa algo ¿los censos están malditos?

Placeholder imageCuántos y quiénes somos: la historia de los censos malditos. El que tenía que hacerse este año pasaría para el año que viene por la pandemia y la crisis económica. Pero aún no tiene fecha. Los de 1991 y 2001 tenían que hacerse un año antes, pero también se modificaron por la debacle económica. Y en 2010, Néstor Kirchner murió la mañana que lo iban censar. La camioneta Renault Trafic patente GVM 216, reconvertida en ambulancia, acaba de salir del hospital municipal de El Calafate José Formenti. Adentro viaja el cuerpo del ex presidente Néstor Kirchner, que acaba de morir de un "paro respiratorio con muerte súbita" según el parte médico oficial. Detrás, en una camioneta Ford Ranger blanca, viaja la entonces presidenta Cristina Kirchner.

La Gendarmería, la Policía de Santa Cruz y la custodia presidencial custodian el improvisado cortejo fúnebre que lleva los restos del ex presidente a su casa de El Calafate. Son las 10 de la mañana del 27 de octubre de 2010 y casi no hay movimiento en las calles de El Calafate: ese miércoles frío y santacruceño se realiza en todo el país el que será el último censo nacional, el insumo estadístico más importante, profundo y de mayor despliegue que sirve para recopilar datos claves de todos los argentinos y argentinas.

Entre otra información de interés para el Estado, se recopilan datos de la situación social, demográfica, de vivienda y servicios públicos. También sobre educación, ingresos, género y hasta de acceso a cloacas. Con esos datos que se recolectan en una jornada en todos los hogares del país, se hacen evaluaciones, estadísticas y tras un arduo diagnóstico, se planifican políticas públicas para, en el mejor de los casos, mejorar la calidad de vida de los habitantes.

Más allá de la información que se recopiló y que dos meses después reveló que en el país éramos 40.117.096 de personas, el del 2010 será recordado mucho más como el día de la muerte de Kirchner, que el del décimo censo nacional. Pero el de 2010 no fue el único censo que quedó marcado en la historia reciente por hechos traumáticos. Casi como una constante que refleja el eterno retorno de los problemas del país, de las últimas cuatro ediciones censales -incluyendo la que iba realizarse en octubre de este año- tres tuvieron que postergarse por las crisis sociales y económicas de la Argentina.

El censo de 1991, bajo la presidencia de Carlos Menem, tenía que hacerse en 1990. Se postergó un año porque la Argentina sufría una hiperinflación descontrolada y una debacle económica sin precedentes que dificultaba su realización. Diez años después el escenario era calcado. El censo que debía hacerse en el año 2000 también se pasó un año por la emergencia económica nacional. El entonces presidente Fernándo De la Rúa fijó la nueva fecha para el sábado 17 y el domingo 18 de noviembre de 2001.

La crisis no había aflojado y un mes después De la Rúa se iba en helicóptero de la Casa Rosada y renunciaba en medio de un estado de sitio, un corralito y 39 muertos en todo el país. Este año la maldición de los censos se vuelve a repetir. Por la pandemia del coronavirus, la cuarentena y la crisis económica, el Gobierno decidió postergar el censo 2020 que tenía al 28 de octubre próximo como fecha tentativa de realización. Se hará en 2021 aunque aún no hay fecha definida.

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) es el encargado de llevar adelante la tarea censal. Según cálculos oficiales, se necesitan unas 700.000 personas (los censistas) para ir casa por casa recopilando datos. Además de los recursos humanos, ese día se utilizan cientos de miles de lápices negros, gomas de borrar y stickers para marcar los domicilios censados. También las planillas impresas que deberán llenar los censistas en los hogares con la información de cada ciudadano. Todo ese material debe ser licitado y comprado para que la jornada se realice con éxito. Los cálculos de los expertos aseguran que el costo de un censo es de entre 1 a 2 dólares por persona censada. Con proyecciones que hablan de que hoy seríamos unos 45 millones de argentinos, el costo ascendería, en promedio, a 67 millones de dólares.

Los preparativos para el censo de 2020 arrancaron durante la gestión de Mauricio Macri. En noviembre de 2017 se realizó la primera prueba piloto en 7.413 viviendas de las localidades de Pilar, en la provincia de Buenos Aires, y San Javier, en Misiones. Según el Indec esas propiedades fueron seleccionadas "por su heterogeneidad de población y las características de su territorio" que mezcla zonas urbanas y rurales. Ese relevamiento se realizó durante 16 días.

Hubo una segunda prueba piloto el 8 septiembre de 2019. Para esa altura, Macri ya había perdido las PASO y Alberto Fernández se encaminaba a ser presidente. En esa ocasión el trabajo el trabajo se hizo en un solo día en diferentes barrios de la Ciudad de Buenos Aires, en Mar del Plata, Bariloche, en las zonas urbanas de Humahuaca y en las localidades de Coctaca, Varas, Aparzo y Palca de Aparzo, en Jujuy.

Este nuevo censo preveía algunas preguntas nuevas. Por ejemplo, se consultaba sobre identidad de género, autorreconocimiento étnico, religión y nombre de la carrera terciaria o universitaria en el caso de quienes hayan completado estudios. Las pruebas, según un informe del Indec, fueron satisfactorias y todo se encaminaba a lograr el objetivo de censar a la población el próximo miércoles 28 de octubre. Pero pasaron cosas.

Tras la asunción de Fernández, el Gobierno empezó a hablar de retrasos en las tareas pre censales. Según fuentes oficiales, faltaban definir algunas de las preguntas e incluso las rutas que haría cada censistas. Pero además, había retrasos en las licitaciones. La crisis económica de esos primeros días de gestión -que luego se profundizaron con la pandemia y la cuarentena- pusieron en un segundo plano la realización del censo.

El coronavirus terminó de complicar todo. Hoy, con la cuarentena y las limitaciones para circular por las calles debido al aislamiento social, preventivo y obligatorio, es imposible pensar que un censista entre a varios domicilios y esté en contacto con cientos de personas. Para los infectólogos y especialistas sería un factor de contagio extremo. Con este escenario, el censo 2020 quedará para 2021, aunque todavía no hay fecha definida. El año próximo habrá elecciones de medio término y en el Gobierno buscan que no queden pegadas las dos instancias. Si las restricciones de movilidad se levantan el año próximo, una idea sería hacerlo en marzo. Aunque también podría ser en noviembre tras las elecciones.

Carlos Menem fue el encargado de realizar el de los '90. Estaba pautado para un año antes, pero fue imposible. La Argentina estaba convulsionada. El combo de hiperinflación y crisis económica era intolerable para llevar adelante la encuesta. El censo de 1991 decretó que éramos 32.615.528 habitantes. Lo mismo que a Menem le pasó a De la Rúa en el 2000. No pudo hacerlo por la crisis económica, con la convertibilidad explotando por los aires y el endeudamiento en auge. Se hizo en 2001 en un clima caliente, un mes antes de que tuviera que abandonar el Gobierno. Lo datos hablaron de 36.260.130 argentinos y argentinas.

Además de saber cuántos somos, los censos recopilan datos poblacionales, de viviendas y educación, entre otros. Así se pueden conocer las condiciones de vida de la sociedad, el nivel de pobreza e infraestructura de los hogares. Con los resultados, que suelen estar listos varios meses después, se supone que el Estado planifica políticas públicas para mejorar las condiciones de vida de la gente.

El primer censo se hizo en 1869, y hasta el último realizado en 2010, se desarrollaron en el país diez censos nacionales. Son los de los años 1869, 1895, 1914, 1947, 1960, 1970, 1980, 1991, 2001 y 2010. El de 2020 (que se hará en 2021) será el número 11. El de 1869 lo llevó adelante Domingo Faustino Sarmiento entre los días 15 y 17 de septiembre. Según este relevamiento, la población era de 1.830.214 habitantes. Aunque la población originaria no fue censada y se la estimó en 93.138 habitantes. Uno de los datos clave que reveló, y que sirvió para aplicar políticas públicas educativas, fue que el 77% de los habitantes nacionales eran analfabetos.

El de 1970 fue el primero que realizó el Indec. En la normativa que creó ese año el instituto se estipuló que a partir de ahí debían hacerse cada diez años. La novedad técnica de ese censo, realizado durante el gobierno de facto de Roberto Levingston, fue la introducción de computadoras y lectoras de caracteres manuscritos para el procesamiento de los datos. Pero algo ocurrió. Las cédulas censales fueron provistas por una empresa y las máquinas lectoras por otra compañía. Al final, resultaron incompatibles y los resultados recién terminaron estimándose años después a partir de una proyección en base al 10% de las planillas confeccionadas. Ese fue el origen censal del Indec. Y arrancó maldito. / Clarin

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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